Zocodover. Homenaje Comuneros 2011

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viernes, 28 de noviembre de 2014

La destrucción de una identidad (1ª parte: Castilla sur)

 
Preámbulo: Así están las cosas

El pasado fin de semana unos amigos malagueños, gente sana, inteligente y sin prejuicios estuvieron en Madrid. Compartimos una tarde de agradable tertulia, intercalada con chistes mal contados y divertidas anécdotas de ayer y hoy. En un momento dado, salió a colación el tema del castellanismo. Que quiénes éramos los castellanistas y qué buscábamos. La pregunta del millón (de maravedíes).

Difícil o no tanto definir el castellanismo, o más bien castellanismos. Casi sería más sencillo definir qué no es castellanismo.

En cualquier caso, y este es mi punto de vista personal y el de otras gentes que pululamos alrededor de los pocos movimientos verdaderamente castellanistas que aún quedan. Hay varios tipos de castellanismo: el independentista de extrema izquierda, el nacionalista, el regionalista, el que reivindica las 17 provincias del Pacto Federal Castellano del s.XIX (1) , el de Anselmo Carretero y sus seguidores,(2) el que sólo considera Castilla las 14 provincias de Castilla la Vieja y Castilla la Nueva, incluso el identitario o el que reivindica una Castilla unida como salvaguarda de España….hasta el que reivindica la recuperación de una Corona de Castilla disminuida (con las Castillas, Extremadura, Andalucía y Murcia). Casi tantos castellanismos como castellanistas. En común, todos en teoría tienen la reivindicación de una Castilla unida y fuerte, con más o menos provincias. Hasta los que reivindican la sustitución de las provincias creadas en 1833 por las comarcas, más acordes con las características sociogeográficas e históricas.

Y hay castellanistas, le comentaba a mi curioso amigo andaluz, que creemos que defender a Castilla es defender una España unida. Evidentemente no la España unida que sufrimos hoy día , desigual y asimétrica, con territorios ( y ciudadanos) de 1ª, 2ª y regional.

Hablando en plata: el problema de España no es Cataluña. Ni País Vasco. Ni Andalucía. El problema de España es que entre unos y otros han eliminado a Castilla.

Castilla no existe. Neutralizada, dividida, descastellanizada adrede. Y eso no sólo es malo para las Castillas y los castellanos. Es malo para toda España.

Castilla, desde los días de la Reconquista, fue la columna vertebral que sustentó el que luego sería Reino de España (que no España, muchos creemos que España sin Portugal está incompleta). Sin columna vertebral, todos sabemos que un cuerpo no puede mantenerse en pie.

Castilla ha sido borrada del mapa, nunca mejor dicho. Y revertir esa situación es la prioridad (o debería serlo) de todos los castellanismos. Castilla ha sido neutralizada en beneficio de las oligarquías catalana y vasca bajo las especies de los nacionalismos periféricos, con la connivencia de la oligarquía madrileña, que ha negado su propia castellanidad haciendo frente común con los independentistas que identifican Castilla = España.

Castilla ha sido neutralizada, del mismo modo que el Kurdistán o Prusia. En el caso del Kurdistán, los kurdos nunca han tenido estado propio, pero al menos mantienen su identidad contra todo y contra todos. El caso de Prusia es el más similar a Castilla: se la ha castigado por haber sido el motor de la unificación alemana. Comparando a Prusia con Castilla, ellos lo llevan peor en el sentido de que territorialmente han quedado mermados. Pero también en Prusia hay quienes con orgullo no olvidan ni su Historia ni su identidad.
¿Y cuál es la situación en las Castillas? El panorama, tras los últimos 40 años de manipulaciones, mentiras y descastellanización no puede ser más desalentador.

Todos los nacionalismos mienten desde sus medios de comunicación y adoctrinan desde sus planes de estudios. Así ha sido desespañolizando Cataluña y País Vasco, pero también blasinfantizando Andalucía o descastellanizando las Castillas.
 
PalabraTabú

La situación en el Sur de Castilla:
En Castilla la Nueva, Madrid ha sufrido un proceso brutal de descastellanización, con un lavado de cerebro colectivo sin parangón en el mundo occidental. Se nos ha convencido a los madrileños de que sólo somos españoles, que no tenemos identidad alguna, ni raíces ni perrito que nos ladre. Que somos “ciudadanos del Mundo”, una especie de Nueva Cork mesetario rodeado de desierto. Esto lleva a sinsentidos como que haya una absurda frontera en la comarca de la Sagra entre la Sagra toledana (Seseña) y la Sagra madrileña (Valdemoro) o entre la Alcarria de Guadalajara y la Alcarria madrileña (Alcalá de Henares). Lleva a disfunciones tales como que haya un incendio en Guadalajara y no puedan pasar los bomberos de Madrid, o que alguien de Guadalajara tenga que ir a operarse a Albacete teniendo los Hospitales de Madrid a sólo 51 Kilómetros.

Nos vendieron las comunidades autónomas como descentralización (eso está bien) y como servicio al ciudadano. Esto último desde luego no funciona ni para Toledo capital ni para Guadalajara capital, que ya de hecho son parte del área metropolitana de Madrid pero sin pertenecer al mismo ente autonómico.

Estoy convencido que a Madrid le iría mejor en un solo ente con Castilla-La Mancha, no sólo por el ahorro al suprimir administraciones autonómicas.

Pero aun partiendo de la base de que quizá fuese mejor que Madrid siguiese sola, como se nos vendió en 1983 ,como mero hecho administrativo, lo que no tiene perdón de Dios es que se haya borrado todo rastro de castellanidad en libros de texto, atlas y telemadrid. Que Castilla sea una palabra tabú en la provincia , sustituida por toda clase de circunloquios y eufemismos (os podría contar anécdotas muy sabrosas en festivales folclóricos) o que el escudo de Madrid, que tan gráficamente expresa nuestra relación con las dos Castillas nominales haya desaparecido “misteriosamente” de toda institución madrileña.
Si hasta la legislación de la C.A.M. reconoce nuestras raíces castellanas. ¿Por qué esto no se cuenta nunca? ¿Por qué se oculta que el rojo de la bandera de Madrid originariamente era rojo carmesí en honor a Castilla? ¿Por qué se tiene miedo a reconocer nuestras raíces?

Otra cosa que se obvia a menudo: Madrid no es sólo la ciudad de Madrid. Los lazos de Aranjuez, por ejemplo, con la vega del Tajo toledana son innegables. O los de Alcalá de Henares con todo el valle del Henares y la campiña de Guadalajara. ¿Por qué los que tanto presumen de modernidad y de ir hacia un mundo sin fronteras ponen fronteras entre pueblos hermanos? Por no hablar de un centralismo madrileño de nuevo cuño que parece ignorar todo aquello más allá de la M-30, y que incluso sufren barrios del propio Madrid.

¿ Y qué pasa con CLM?
Cuando se creó el “invento” de Castilla-La Mancha (Bono dixit) no se incluyó a Madrid porque se creía que su peso demográfico y económico desequilibraría la autonomía y adolecería de centralismo madrileño. Yo (y no soy el único) cada día tengo más claro que unidos seríamos más fuertes, que el agua del Tajo no se iría tan gratuitamente al Levante, que en Cuenca quizá no hubiese un basurero nuclear , etc. etc.

Castilla-La Mancha: curioso invento que suma el nombre del todo con el de una parte. Con todos los respetos y cariño hacia la comarca de la Mancha, su idiosincrasia y su grandeza, no toda Castilla-La Mancha es manchega. La provincia de Guadalajara no es manchega. La serranía de Cuenca no es manchega. Toledo capital y la tierra de Talavera de la Reina no son manchegas. Pero desde la Junta de Calamidades en un proceso de homogenización sólo comparable a la URSS de Stalin o al III Reich se lleva décadas promoviendo la mancheguización de todo el territorio. Y desde la ignorancia o la mala intención no es extraño leer, día sí y día también, en los medios de (in)comunicación barbaridades como llamar a Guadalajara o Talavera ciudades “manchegas”.

.“Me han dicho que a Castilla La Nueva la llaman Castilla-La Mancha. ¿Por qué La Mancha? La Mancha está muy debajo. La Alcarria no es La Mancha" (Claudio Sánchez-Albornoz, diario ABC, 15-10-1978).

En todo crimen hay un móvil, un “qui prodest” , un beneficiario. ¿A quién beneficia que Madrid y Castilla-La Mancha formasen dos autonomías? Está documentado que el nacionalismo catalán presionó para sacar a Madrid de su región geográfica e histórica. Pero a la burguesía madrileña tampoco le importó. Por no hablar del PP (antes AP), PSOE, UCD, etc., que prefieren mantener sus cuotas de poder y su ejército de cargos autonómicos. O de instancias superiores que no quieren ni por pienso ningún tipo de acercamiento entre Comunidades autónomas castellanas. Recomiendo a este respecto encarecidamente ver el vídeo publicado por la Asociación Socio-Cultural Castilla sobre los procesos autonómicos en Castilla la Nueva.
(continuará)





Robada a Jos ® Manuel SanzComarcasLaManchaEscastillaMADRISCASTELLA


(1) PFC: http://www.partidocastellano.org/es/noticias/?iddoc=8750
(2) Carretero: http://es.wikipedia.org/wiki/Anselmo_Carretero ; véase también anterior publicación sobre Anselmo Carretero en este mismo blog


























sábado, 16 de noviembre de 2013

Castilla. La cuestión pendiente

Posted on octubre 3, 2013 en el blog Resistencia castellana

 

El pasado 28 de febrero se cumplieron 30 años de la entrada en vigor del Estatuto de Autonomía de la Comunidad de Madrid. Evidentemente fue una celebración de esas que llaman “institucionales”, que es cuando se trata de hacerlo de espaldas al pueblo. En su discurso, el actual y no electo Presidente de la Comunidad de Madrid dijo entre otras lindezas que “durante estos treinta años Madrid ha servido lealmente a España y, paralelamente, aun careciendo de señas de identidad, ha brotado el orgullo de ser madrileño”. Ignacio González es un embustero, como casi toda la casta política a la que él y su partido pertenecen. Vamos a repasar los hechos:


1978 - Congreso UGT

 

La Transición consistió entre otras cosas, en liquidar a Castilla. Al menos hasta 1983 Madrid formó parte de la Castilla Sur o Castilla La Nueva (actual Castilla La Mancha). Hasta ese mismo año, en casi todos los municipios de la Provincia de Madrid ondeaba orgulloso junto a la bandera de España el Pendón de Castilla o bandera castellana, tanto en su versión carmesí o morada, según preferencia del alcalde de turno. Nadie ponía en duda la castellanidad de Madrid. Durante esos años, personajes de relevancia política como Enrique Tierno Galván o Ramón Tamames, expresaron la necesidad del reconocimiento de Castilla (Castilla La Vieja y La Nueva) como región histórica de España que siempre había sido. Contra esta pretensión se alzó la voz de Xavier Arzallus diciendo que una Castilla tan grande suponía una amenaza para el País Vasco. Palabras que fueron secundadas por Jordi Pujol desde Cataluña. En consecuencia los partidos del régimen naciente se confabularon para trocear a Castilla y dar gusto a separadores y separatistas. Todos, desde la UCD (PP), pasando por el PSOE hasta el PCE (IU), aunaron esfuerzos para romper a Castilla en 5 trozos y hacerla desaparecer junto con la Región Leonesa. 

 

En la actual Castilla La Mancha se llevaron a cabo varias reuniones de las diputaciones provinciales para formar la nueva región, de las que la diputación de Madrid fue expresamente excluida. Esta labor de exclusión corrió a cargo principalmente del PSOE del Sr. Bono. El mismo que siempre ha presumido en público de haberse inventado una región, una bandera y haberle salido bien (a juzgar por su patrimonio personal, yo diría que le ha salido perfectamente bien). Pero como decía, el PSOE no hubiera podido hacer nada sin el apoyo de la UCD (PP) y el PCE (IU). Entonces Madrid pidió su inclusión en la Castilla Norte, pero también le fue denegada. 

En la Castilla Norte, la misma clase política se afanaba en inventarse otra región de nuevo cuño formada por las provincias de Castilla La Vieja y la Región Leonesa (León, Zamora y Salamanca). La respuesta inmediata fue la segregación de Santander (Cantabria) y Logroño (La Rioja) al considerar ambas que aquello no era ya Castilla, sino un engendro al que algunos apodaban Duerolandia. Segovia también lo intentó, al igual que Guadalajara en el Sur, pero ambas fueron metidas a puntapiés por dictamen del Congreso de los Diputados. La razón con la que el Congreso justificó aquello fue por “interés nacional”. En León Capital, que es una ciudad pequeña, llegaron a salir hasta 90.000 personas protestando contra la nueva autonomía impuesta a la que en el colmo del sarcasmo se la pretendía llamar Castilla y León, cuando evidentemente no era ni lo uno ni lo otro. Pero los políticos se salieron con la suya y la autonomía se hizo realidad impulsada por un político leonés llamado Rodolfo Martín Villa (hoy en día una de las personas más detestadas en su propia tierra). En 1981 el Congreso de los Diputados hizo otro dictamen similar al que llevó a cabo contra Segovia y Guadalajara y por “interés nacional” se impuso la autonomía madrileña. La bandera roja de Castilla fue arriada en 1983 y sustituida por otra con 7 estrellas que tras 30 años, los madrileños siguen sin conocer y sin sentir como propia.

“1.En el ejercicio del derecho a la autonomía reconocido en el artículo 2 de la Constitución, las provincias limítrofes con características históricas, culturales y económicas comunes, los territorios insulares y las provincias con entidad regional histórica podrán acceder a su autogobierno y constituirse en Comunidades Autónomas con arreglo a lo previsto en este Título y en los respectivos Estatutos” (Artículo 143 de la Constitución Española 1978).

“Las Cortes Generales, mediante Ley Orgánica, podrán, por motivos de interés nacional:

a. Autorizar la constitución de una Comunidad Autónoma cuando su ámbito territorial no supere el de una provincia y no reúna las condiciones del apartado 1 del artículo 143.

b. Autorizar o acordar, en su caso, un Estatuto de autonomía para territorios que no estén integrados en la organización provincial.” (Artículo 144 de la Constitución Española)


madrid

 

Con la Constitución en la mano, no hace falta ser leguleyo para darse cuenta de que todo lo concerniente a las autonomías castellanas es un fraude de ley. Y son un fraude porque tanto las antiguas provincias de Castilla La Vieja y La Nueva tenían y tienen características históricas, culturales y económicas comunes. Son un fraude porque las autonomías castellanas se hicieron de espaldas al pueblo y en muchos casos por imposición (la Constitución habla del derecho a ser autonomía, no de la obligación). Y son un fraude, y esto es lo más grave, porque sus estatutos de autonomía jamás han sido refrendados por el pueblo. Las autonomías castellanas (Cantabria, Castilla y “León”, Castilla La Mancha, La Rioja y Madrid) son antidemocráticas. Y esto debería hacer sonrojar a muchos políticos de este régimen, que andan todo el día con la democracia en la boca, si hace tiempo no hubieran perdido la vergüenza.


Pero hay más. ¿Para qué han servido las autonomías castellanas? Para, silenciar, dividir, manipular y lobotomizar a los castellanos. En Cantabria un ex miembro de los sindicatos franquistas, Miguel Ángel Revilla, consiguió con la ayuda del nacionalismo vasco convencer a los alcaldes santanderinos de que no eran castellanos y que Cantabria era una nación antes de los romanos, ni más ni menos (lo mismo podrían argumentar en Ávila remitiéndose a los Vettones, los madrileños con los Carpetanos o los leridanos con los Ilergetes). En Logroño una de sus comarcas, La Rioja, dio nombre a la provincia entera pasando por encima de las demás (Haro, Logroño, Nájera, Cameros, etc.). Castilla y León se proclamó en su Estatuto ni más ni menos que heredera de los “históricos Reinos de Castilla y de León” (como si Toledo o Ciudad Real no fueran también Castilla). En Castilla La Mancha (el propio nombre es ya una reiteración, pues la Comarca de La Mancha siempre ha sido castellana como el Ampurdán es catalan) se inició un proceso similar al de La Rioja, la macheguización de toda la región, pasando por encima de otras comarcas como La Alcarria o La Sagra. ¿Y Madrid? El caso de Madrid es el más triste si cabe. Madrid es una provincia que se creó con trozos de Segovia, Guadalajara y Toledo. Todos los pueblos de la provincia son netamente castellanos. La propia Capital, la Villa de Madrid, gozó de su propio fuero castellano otorgado por Alfonso VIII en 1202. En 1520, tras sublevarse los castellanos en Toledo contra Carlos V en la Guerra de las Comunidades de Castilla, los madrileños fueron los siguientes en secundarles y el propio Regidor de la Villa, Juan de Zapata, participó en la Batalla de Villalar en 1521. Madrid rebosa Castilla por los cuatro costados, pero han bastado 30 años de mentiras reiteradas y de manipulación mediática a la población, para borrar la palabra Castilla de las mentes de los madrileños y de los libros de texto de los niños (he de suponer que a esto lo llama el Ministro Wert, españolizar). De no ser por los museos estatales de los que goza la capital madrileña, sería sin duda la autonomía con mayor pobreza cultural de todas. Una autonomía cuyos referentes son la España cañí más casposa, la gitana con peineta, el Flamenco y las Corridas de Toros. Eso es lo que los madrileños le debemos a esta autonomía impuesta (como las demás), pero que ha supuesto todo un negocio para todos esos 129 diputados regionales que se sientan en la Asamblea de Madrid y sobre todo para el Estado, que saca limpios de Madrid 66.000 millones de euros que no van a parar a los bolsillos de los castellanos precisamente. Pero lejos de hacer autocrítica, todos los presidentes de esta comunidad autónoma, excepto Joaquín Leguina, se han afanado en repetir el mismo mantra: “Madrid no tiene identidad”. Lo que viene a decir que los madrileños no tenemos historia, no tenemos cultura y no hablamos lengua alguna (precisamente el Castellano es ya la segunda lengua a nivel mundial detrás del Chino). Y todo esto lo ha estado repitiendo hasta la saciedad personajes como Alberto Ruiz Gallardón, Esperanza Aguirre o Ignacio González, pasándose por el arco del triunfo la propia Ley 2/1983 sobre la Bandera y Escudo de la Comunidad de Madrid que dice textualmente:

“La bandera de la Comunidad es roja carmesí. Madrid indica con ello que es un pueblo castellano y que castellana ha sido su historia, aunque evidentemente el desarrollo económico y de población haya sido diverso. La Comunidad de Madrid, formada en muchos casos por pueblos y municipios que pertenecieron a Comunidades Castellanas limítrofes, expresa así uno de sus rasgos esenciales. La previsión contenida en el artículo 32.3 del Estatuto de Autonomía no era más que un reflejo de aquéllos. La Ley incorpora este símbolo. Las siete estrellas, procedentes del escudo de la villa de Madrid, se hacen también susceptibles de verse extendidas al resto de la Comunidad Autónoma, de atender sobre todo a las dos leyendas que les dan origen. Los castillos de oro sobre gules del escudo escogen, recogen también, el más característico símbolo castellano. Las dos comunidades limítrofes los lucen como emblemas. El hecho de estar pareados simboliza la pretensión de la Comunidad de Madrid de ser lazo entre las dos Castillas, fundiendo el símbolo fundamental de una y otra, al tiempo que viene a proyectar su propia complexión extensiva hasta los límites precisos de las cinco provincias que la abrazan: Toledo, Guadalajara y Cuenca, pertenecientes a Castilla-La Mancha; Segovia y Ávila, integrantes de Castilla-León.”

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Sería difícil puntualizar cuando empezó a destruirse Castilla. En 1521 quedó reducida a una posesión más de los Austrias, que junto con los Borbones no cesaron en saquearla durante siglos. Pero aun en decadencia seguía existiendo. En 1812 unos diputados liberales, que nadie había votado, decidieron en Cádiz inventarse una España sobre los escombros de la anterior. Y para ello pasaron por encima de pueblos, reinos, comarcas e identidades. Las provincias, impuestas a la manera francesa jacobina en 1833 difuminaron a una Castilla previamente dividida entre La Vieja y La Nueva. Los liberales de 1978 solo han continuado esa labor. Castilla y el Reino de León fueron los principales impulsores de la Reconquista contra el Islam. Ambos reinos bajo un mismo monarca le dieron a España todo un Imperio. Como diría Azaña, León y Castilla son el nervio de la Nación Española. Su columna vertebral. Ahora entenderéis por qué Castilla no existe. Por qué se la ha dividido y por qué sus símbolos han sido liquidados. Sin Castilla España no tiene cabeza. No tiene armazón alguno y hay un interés en que España desaparezca. La mejor forma es neutralizar la reacción castellana. Nadie ama lo que no conoce y por tanto no lo defiende. Y a día de hoy, los castellanos de Madrid o del Norte y Sur no se tienen por tales. Se les ha convencido de que son exclusivamente españoles y que deben recelar de todos aquellos compatriotas que hablen otra lengua distinta del Castellano (rebautizado 1922 como Lengua Española o Español por el académico gallego Ramón Menéndez Pidal), cuando todas esas lenguas son patrimonio de toda España, así como el Castellano es patrimonio también de gallegos, catalanes y vascos.


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Llevamos más de 100 años hablando del problema vasco o el problema catalán. Y haberlos los hay, pero en esencia el problema de España se llama Castilla. España se ha estructurado de maneras diferentes a lo largo de su Historia, pero siempre ha sido una suma de hombres, pueblos, culturas y en definitiva, identidades unidas en un mismo destino. Desde la llegada a nuestro país del Liberalismo, España es una resta que niega su derecho a existir a leoneses y castellanos. El Liberalismo que trajo a nuestro país la pérdida de todo un Imperio, la división partidista, el separatismo (tanto el central como el periférico) y en general toda la decadencia e inmundicia que sufrimos hoy, es el mismo que niega a Castilla. No en vano partidos como el PPSOE-IU que ejercen de nacionalistas o regionalistas en Galicia, País Vasco, Cataluña o Andalucía, en Castilla son adalides del nacionalismo español más rancio y casposo.


Regenerar España comienza por reconocer el derecho de los castellanos a unirse como el pueblo que históricamente es. Unir España en su diversidad comienza por reconocer la singularidad castellana. España sin Castilla avanza a toda velocidad hacia el abismo. La defensa de la identidad castellana es un arma fundamental en la lucha contra la Globalización capitalista porque carecer de identidad es la primera regla del esclavo. Sin Castilla no habrá España. Sin España tampoco habrá Castilla. Y sin ambas, no tendremos la Europa verdadera que muchos anhelamos.


(Publicado en Tribuna de Europa el 7.03.13)