Zocodover. Homenaje Comuneros 2011

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martes, 4 de mayo de 2021

Villalar 1521 contado a los niños

 Publicado originalmente en el blog https://pepinillomutante.blogspot.com/ en abril de 2015

Comuneros


“…bajo la lluvia que había atrapado a los ejércitos rebeldes, entre los vencidos, yacía también Castilla, primera víctima de la empresa imperial (…) “ (Fernando Gª de Cortázar)

«Tú, tierra de Castilla, muy desgraciada y maldita eres al sufrir que un tan noble reino como eres, sea gobernado por quienes no te tienen amor» (en la puerta de las iglesias de Castilla)



Érase una vez un país de vastas dimensiones. un país que abarcaba las regiones de Castilla, León, Extremadura, Andalucía y muchas más, CRUZANDO SUS fronteras el ancho mar.

heredó este país un príncipe borgoñón QUE LO ENTREGÓ A un regente y un cortejo de nobles extranjeros. el joven monarca, con sueños de Imperio universal, desconocía el idioma, ignoraba las leyes y usos seculares de su pueblo, y pretendía imponer su voluntad sobre una población educada en la creencia del pacto entre rey y ciudadanos.

este rey, más preocupado de sus aventuras europeas y de conseguir la corona imperial que de sus propios súbditos, pretendía que los pueblos bajo su dominio sufragasen unos proyectos ajenos a sus intereses.

El malestar crecía en sus reinos hasta que una chispa prendió en toledo.
Tras toledo se sublevarían las principales ciudades de castilla.
finalmente, LA NOBLEZA, ALARMADA por el cariz igualitario que tomaba la rebelión, se pondría al frente de las tropas imperiales CONTRA las milicias ciudadanas.

el sueño comunero VERÍASE frustRado en las campas de villalar, aunque algún foco de resistencia perviviría poco más, como LA NOBLE toledo DEFENDIDa por maría de pacheco, BRAVA MUJER, que dios tenga en su gloria.

villalar. 23 de abril de 1521. honor y patriotismo. padilla, bravo y maldonado.

Hasta aquí el breve resumen de los hechos. Desde entonces, la leyenda y la historia han ido entretejiendo el tapiz de lo que fue la revuelta de las Comunidades de Castilla.

----------------El S. XIX y los Comuneros----------------------------------------

Ya en el convulso siglo XIX el mito comunero fue recuperado y reivindicado por gentes de lo más dispar: sociedades secretas, republicanos, liberales, nacionalistas… Diversos fueron los actores que pusieron esta rebelión nuevamente en el candelero. Para el liberalismo los comuneros pasaron a ser iconos de la lucha por la Libertad frente al absolutismo monárquico, y su lucha la primera revolución de la Edad Moderna. También parte de la Tradición reivindicaría la gesta de las Comunidades como ejemplo de la lucha por  la patria contra elementos extranjerizantes.

Decimonónicos son asimismo algunos errores que perdurarían hasta bien entrado el S. XX, como la creencia del morado “comunero” o falso color de Castilla (nuevamente, remito al paciente lector a toda la bibliografía publicada al respecto, o al brillante resumen del tema que se hace en la Web de asc-castilla.org. ). Dicho error cromático tendría su trascendencia en el S. XX, al pasar en forma de franja al escudo del Real Madrid o a la tercera franja de la bandera de la II República (en ambos casos, en honor de Castilla y/o de los Comuneros).

“La sangre de los Padilla, Bravo y Maldonado que corren por vuestras venas y el ardimiento de que guardan memoria estos pueblos de las comunidades, garantizan el éxito de nuestras aspiraciones y deseos.” (Pacto Federal Castellano, 1869)

“…1521, en abril para más señas, en Villalar ajustician quienes justicia pidieran (…) “ (Los Comuneros, Luis López Álvarez)



------------Transición=Traición------------

Volvamos al 23 de abril de 1521 y a su reivindicación. Habrá que esperar a la transición para que el tema de las Comunidades de Castilla vuelva a estar de moda. Pongámonos en contexto: la muerte de Franco abre la caja de Pandora de los nacionalismos e identidades regionales de esta nuestra plurinacional patria. Los nacionalistas periféricos consiguen, en nombre de la reconciliación y el consenso sacar la mejor tajada del nuevo Estado que se pergeña en los despachos y que se venderá debidamente al pueblo.

Se crea así una suerte de Estado cuasi-federal, o más bien de federalismo asimétrico, que se dará en llamar “Comunidades Autónomas”. Los nacionalismos centrífugos logran convertir lo que en principio iba a ser un sano ejercicio descentralizador en una reivindicación del “hecho diferencial”. Vascos, catalanes, gallegos e incluso andaluces consiguen que se fabrique una nueva España a su medida, con dos tipos de autonomías y de españoles: los de 1ª (las mal llamadas nacionalidades históricas) versus “resto-España”.

En ese “resto-España” terminará precisamente, y no de modo casual, el principal artífice de la unidad de las tierras peninsulares (salvo Portugal). Sí, avezado lector, Castilla, columna vertebral de España, pasa así, de la noche a la mañana, y gracias a las hábiles jugadas de todos sus enemigos (1) de ser dos regiones históricas a 5 engendros autonómicos. Sobre este tema del descuartizamiento de las dos Castillas, la segregación de Madrid (motor económico de Castilla) y la anexión de la región leonesa a los restos de Castilla la Vieja, ya hemos hablado en otras entradas y remito al lector a otros blogs páginas.

--- Las verbenas de Duerolandia, Madroñistán, Quijotelandia y otras taifas del montón ---

¿Qué tiene que ver todo esto con la “celebración” de la derrota de Villalar? Por fin llegamos al quid de la cuestión. Las nuevas comunidades autónomas coincidieron en toda España con las regiones que algunos estudiamos en el colegio. ¿Todas? NO. Las dos Castillas y León, como ya hemos señalado, se vieron “castigadas” y convertidas en carne de cañón del nuevo régimen en nombre del “bien común”.

Los diversos engendros resultantes de la partición de Castilla reivindicaron sus propias banderas, señas de identidad y rasgos diferenciales. Los cántabros se inventaban un comic de Astérix sobre un pueblo prerromano que ya nada tenía que ver con los actuales montañeses. Los riojanos hacían de una D.O. vinícola una región medio vasca, medio navarra, renegada de sus raíces castellanas. El engendro “cajtellano-manchego” (sic) echó mano de Don Quijote, los molinos y las “tres culturas”. El Madroñistán se apropió de una gesta, la del “Dos de Mayo”, patrimonio de toda la nación.

Los restos de Castilla la Vieja y el anexionado León se creyeron (más bien les hicieron creer) herederos legítimos y únicos de lo que fue una corona plural. De esta manera, se apropiaron para el invento autonómico de una bandera, la cuartelada, común a todos los pueblos de la Corona de Castilla y León, desde Finisterre hasta Cabo de Gata, desde Villaviciosa hasta Nueva Granada y Filipinas.

Del mismo modo,  la reivindicación de la gesta comunera, patrimonio común de todos los castellanos y leoneses (y buena parte de andaluces, extremeños…) se convirtió en monopolio de la recién creada taifa “duerolandesa”. De nada serviría que en los primeros “villalares” subiésemos gentes de Madrid, Guadalajara o Cuenca. De nada sirvió que fuesen comuneras ciudades no castellanas como Plasencia, Murcia, Baeza…

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El que la revuelta naciese y muriese en Toledo, tampoco importó. El 23 de abril se convirtió en “fiesta regional” del invento castellanoleonés, al igual que el Dos de Mayo de la “Autonosuya chupiprogrecañíespañolaymultigutural”.

Algunos desde el castellanismo creemos que el “Día Nacional” de Castilla debería ser otro, por diversos motivos, algunos ya citados. Pero también sentimos como nuestra una festividad que se nos hurtó. Hoy día, los mismos que dividieron y ningunearon a nuestra tierra, lucen palmito en la campa. Orgullosos de su mentira, desde la ignorancia o el interés. Mentiras, mentiras, mentiras. La transición se edificó sobre mentiras, mentiras sobre nuestra Historia, mentiras sobre nuestra identidad. No sé cuál será el modelo territorial de la España del S. XXI. Ignoro si seremos República, Monarquía, República Federal o Califato. 


Pero desde luego tengo muy claro que hasta que no se reconozca a Castilla como parte esencial y diferenciada dentro de la Nación, no sólo no se hará justicia a la sangre derramada por los Padilla, Bravo y Maldonado, sino que España seguirá siendo el Estado más absurdo de toda Europa, con unos territorios periféricos y egoístas que seguirán aprovechándose de la sangría y despoblación de las tierras del interior. Eso si no se independizan definitivamente y nos convierten a los demás españoles en protectorado.
 

 
Villalar1978TRANSI1

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(1) Independentistas periféricos, oligarquías locales, y todos los “trepas” del nuevo régimen que se venía.
villalar

lunes, 1 de agosto de 2016

Agujero negro de las Castillas

Llevo un tiempo dándole vueltas a esta entrada. Va de lo de siempre, de Madrid.Para cualquier castellanista con dos dedos de frente Madrid debería ser la piedra angular, por su peso económico y demográfico. Porque sin Madrid, a ver si nos enteramos, señores del castellanismo político, no hay Castilla posible. Y sin Castilla, no habrá España posible, o al menos equilibrada y simétrica. Ni república, ni Reino, ni leches en vinegar. 

Madrid tendría que haber sido el motor no sólo del Estado español, sino de las Castillas. No vamos a volver a lo de siempre, al por qué se nos sacó a los madrileños (entre unos y otros) de nuestra región natural, geográfica e histórica, Castilla la Nueva, aludiendo a "razones de Estado", socioeconómicas, etc. (1) No sé quién decía que tristes tiempos eran aquellos en los que había que defender lo evidente. Vivimos en tiempos de engaño universal, y como dijo Orwell, en estos tiempos decir la verdad resulta un acto revolucionario. 

Evidentemente si se desgajó a Madrid de su región histórica fue por motivos poderosos, o mejor dicho, por intereses poderosos de grupos poderosos. Y por eso los castellanismos y el sentido común no lo tienen fácil. Llevan 30 años comiéndole el coco a la gente, dentro y fuera de esta provincia, vía medios de "comunicación", enseñanza, etc etc, de tal modo que a los pocos que defendemos la castellanidad de esta comunidad, (2) se nos ve como radicales, marcianos, frikis y cosas peores. 

So pena de repetirme, recordaré varios hechos demostrados:
 1) Desde su reconquista en el s. XI por las huestes de Alfonso VI hasta 1983 Madrid y sus tierras circundantes ha sido tierra castellana y no ha sido otra cosa. Nadie lo puso en duda, ni siquiera en el s. XIX, la segunda república, el franquismo, ni con Austrias ni Borbones. Claro está que siempre está el listo que nos dirá que vivimos en el pasado, o que esa castellanidad es algo de los "libros de Historia" (ese mismo listo que luego se mofa de los estadounidenses por "no tener Historia") . ¿Por qué se silencia esta parte de nuestra Historia? ¿Por qué se disfraza de eufemismos ("los cristianos reconquistaron Madrid" por ejemplo;  Castilla y castellano son palabras tabú) ? ¿Por qué en contadas ocasiones se les escapa algo así en Telemadrid? ¿por qué se omite toda relación con nuestra tierra en atlas, guías, libros escolares? Quizá por el mismo motivo por el que el escudo de la Comunidad de Madrid está ausente ya de todo edificio público desde hace unos años. Medítese.


2) Pasando unos días en la zona de Talamanca del Jarama/Algete, vuelvo a constatar la inexistencia de ninguna barrera física, geográfica o natural entre dicha zona y la campiña de Guadalajara (como no la hay entre Seseña y Aranjuez, la Sagra madrileña y la toledana, o Alcalá de Henares y la Alcarria arriacense...) , El mismo campo, el mismo paisaje, el mismo clima. Ah, pero por obra y gracia de un señor del s. XIX y la voluntad de unos políticos de la oligarquía del s. XX oh, somos identidades distintas, y a este lado de la "raya" se respira la multiculturalidad, el españolismo olé y el cosmopaletismo.

3) A diferencia de un ciudadano del Londres inglés, británico y cosmopolita, o de la Barcelona catalana, española y cosmopolita, el madrileño medio es un ser ajeno a todo lo que pasa a 60 km de la metrópoli. Han conseguido entre unos y otros que este "ciudadano del mundo" (o más bien del inframundo) se interese más por lo que sucede en NYC, Tahití o en una playa alicantina que en sus provincias limítrofes (3) 

4/ Lo de España no tiene parangón en Europa: la 4ª ciudad en población del continente está a tan sólo 90 y algo Km. del mayor desierto demográfico de Europa. Si lo veís lógico o normal, es que estáis más lobotomizados de lo que creéis. Aquí nos tiramos horas en metro, nos asfixiamos de superpoblación, teniendo provincias vacías prácticamente alrededor, con abundancia de agua (4), recursos naturales, etc.  etc. Suma y sigue de despropósitos.

En fin, que Madrid, para sus provincias hermanas, es polo de desarrollo , pero menos de lo que hubiese sido en caso de haber constituido una misma entidad administrativa. Los mismos que hablan de eliminar fronteras, de mercados únicos, etc, han consolidado fronteras entre Madrid y su Hinterland. Por contra, Madrid, desde el s. XX es un agujero negro que ha absorvido a la población y recursos de Segovia, Ávila, Guadalajara, Toledo...convirtiendo a los antaño orgullosos y dignos castellanos en unos seres prepotentes y sin identidad. Como leí hace años en un foro de internet "...Madrid es una comunidad vampira que drena todo lo que hay a su alrededor perjudicando enormemente a Castilla..."

Pero el separatismo madrileño no sólo ha puesto la puntilla a Castilla, sino al propio Madrid, que a fuer de dar la espalda a los "paletos" está limitando su propio "espacio vital" si me permiten un término demonizado pero que refleja las limitaciones territoriales y de todo tipo de este invento. 

Vivimos en un absurdo, en el que los jóvenes de Guadalajara estudian en Alcalá de Henares o los de Ciudad Real en Madrid, en el que la fábrica de la cerveza-enseña madrileña se traslada a Azuqueca de Henares (Guadalajara), en el que muchos/as madrileños viven en Seseña, Carranque, Toledo...Un absurdo en el que el madrileño medio que pide derribar la valla de Ceuta ve como lo más normal una valla mental, administrativa, política, entre Valdemoro y Seseña. (5) 

Estoy convencido que tarde o temprano, por pura lógica socioeconómica, y por mor de la extensión del área metropolitana matritense, volveremos a ser un uno madrileños, toledanos, arriacenses...sea en una provincia, mancomunidad o lo que sea. 

El problema es el que en una charla en un centro cultural puso de manifiesto un joven: "si no recastellanizamos Madrid, se madrileñizará Castilla". Y si esa "madrileñización" supone volverse un borrego que bala al son que marca el mundialismo, un esclavo feliz sin identidad (6) y sin raíces, un individuo acrítico útil al gran Capital, pues yo me apeo. Espero no ver ese día. Lucho con todas mis fuerzas desde los pocos resquicios que nos deja este sistema. Pero espero no ver ese día. O que antes caiga el Meteorito, Deo Volente.

(1) Quien esté interesado, que busque en Internet información sobre el proceso autonómico en Castilla la Nueva, es decir, cómo se "inventaron" Castilla-La Mancha y Madrid. Entre otros, https://youtu.be/xFaqlz8Wfks
(2) Comunidad inventada en 1983 sobre una provincia cuyos límites "inventó" Javier de Burgos en 1833, en muchos casos sobre tierras de Segovia y Toledo. Véanse Atlas y libros de Historia.
(3) perfecto, somos una isla, un oasis en mitad del desierto castellano: cuando la harina de nuestro pan es de Aranda, el agua que se bebe en Alcalá es del Sorbe, provincias como Segovia, Toledo o Ávila dependen económicamente de la megalópolis. 
(4)Aunque gracias al Trasvase Tajo-Segura buena parte de esos recursos hídricos se destinan a regar huertas lejanas, resorts y campos de golf en Murcia.
(5) Ya se ha visto que el humo del cementerio de neumáticos de Seseña no entendía de fronteras autonómicas. Gracias a Dios que el viento no lo trajo a la metrópolis, con las consecuencias para la salud que esto hubiese acarreado. Y otro día hablamos del basurero nuclear de Villar de Cañas (Cuenca), a menos de 100 Km de la capital del Imperio (¿cuántos madrileños conocen ese riesgo? Si lo comparamos con la preocupación por cosas como vertidos en costas gallegas u hoteles en el desierto de Almería, podemos colegir que realmente nos informan de lo lejano y no de lo cercano. Y tampoco parece que nos importe mucho que nuestros hijos puedan sufrir secuelas por un accidente nuclear. Pues ala, borreguitos, todos a limpiar playas de comunidades autobobas que nos odian)
(6) Como suele recordar un viejo amigo, a los esclavos recién llegados al continente americano lo primero que les prohibían era su idioma, sus bailes, sus costumbres, su religión. Privándoles de su identidad, les era más fácil esclavizarles. Caray, qué paralelismos. Sólo que hogaño, no se utiliza el látigo y el rifle, sino la televisión y la escuela.




Monumento a Alonso de Arreo y otros comuneros madrileños en Navalcarnero (Madrid)







































































domingo, 14 de diciembre de 2014

La destrucción de una Nación: Situación en el norte de Castilla (y II)


Y si la situación en el sur no es buena, en el norte no es mucho mejor. Al menos en parte de Castilla-La Mancha y de Madrid , muy tímida y minoritariamente , surgen voces, y no sólo en el castellanismo político o cultural que reivindican más Castilla (en el caso de clm) o recuperar nuestra identidad sustraída (en el caso de Madrid).
Al norte de la Sierra de Guadarrama, por contra a lo que muchos pensábamos en el sur, la cosa tampoco pinta bien. A pesar de que tanto oficiosamente como a nivel popular la mayoría de españoles y castellanos identifican a Castilla con la actual Comunidad autónoma de Castilla y León. La realidad, desde mi modesto punto de vista es la que sigue :
En Cantabria, sólo algunos mayores recuerdan a Santander como “el mar de Castilla” o “La montaña” .Décadas de regionalismo y reinvención de la Historia han conseguido prácticamente descastellanizar la provincia. La mitificación de un pasado prerromano completamente desaparecido o de un breve Ducado visigodo parece tener más peso que siglos de Historia común con el resto de Castilla. Así se llega a la paradoja de que la cuna de Castilla se encuentre fuera de la Castilla “oficial”. Y no hablaremos hoy de ciertos personajes súper-populares que “parieron” el invento antes de ser famosos mundialmente por llevar anchoas a la Corona. Personajes provenientes, curiosamente, del Régimen franquista. Tampoco hablaremos del interés que en la transición tenía el nacionalismo vasco porque Cantabria se segregase de Castilla la Vieja, como está bien documentado.
Ese interés vasco por no tener frontera con una Castilla fuerte también motivó la secesión de la Rioja.
Rioja que, al igual que media Cantabria, aparece en los mapas del primer nacionalismo vasco. Rioja que sustenta sus señas de identidad en el vino, la prosperidad económica y estar en el Valle del Ebro (al igual que Cantabria en su clima y paisaje netamente oceánicos) . Eso es todo. 40 tantos años de regionalismo han podido sobre siglos de Historia común (igual que en Madrid los “intereses nacionales” y 30 años de reinventar la Historia han podido con 9 siglos de castellanidad y muchos más de “toledanidad”) .Sólo señalaré que también es paradójico que nuestro idioma castellano naciese o se forjase en buena parte en la Rioja, es decir, fuera de las fronteras de la Castilla oficial. Medítese.
¿Y qué pasa con la comunidad autónoma con mayor “pedigrí” castellano? (o al menos, insisto, así se ven y los ven sus habitantes)
Castilla y León: ya sólo el nombre debería dar repelús no sólo al estudioso de la Historia. Es la única autonomía bicéfala, lo que queda reflejado en la misma conjunción “y”. Construida sobre  la unión forzosa (nuevamente en nombre de “razones de Estado” como dijo el leonés Martín Villa) de la región histórica de León y los restos de Castilla la Vieja, una vez despojada de Logroño y Santander.
Y mientras que en CLM se ha creado una identidad mancheguizante sobre mitos quijotescos y vinícola-queseros, en Cantabria sobre un comic a lo Asterix, en Rioja sobre el vino y la horticultura…en CyL se han apropiado, sí, ese es el verbo apropiado, de la Historia del Movimiento de las Comunidades de Castilla (o Comuneros de Castilla). Curiosamente, revolución que nació en Toledo (ahora Castilla-La Mancha) y que resistió heroicamente en la ciudad del Tajo una vez que Padilla, Bravo y Maldonado fuesen ejecutados tras Villalar.
Parece que sólo hubo comuneros en CyL gracias a la labor desinformadora de instituciones como la Fundación Villalar. Y encontrar una bandera roja carmesí de Castilla (o morada, aunque el tema del color de la bandera hoy no vamos a hablar) es tan difícil en Burgos como en Toledo o Madrid.
Y luego está la espinosa “cuestión leonesa”. León tiene una identidad diferenciada, una Historia como Reino antes que Castilla. Los movimientos leonesistas y cada vez más castellanistas lo tienen claro: León tiene derecho a seguir su propio camino al margen de Castilla. En cambio, para otros castellanistas la Historia de León y Castilla va unida definitivamente desde el s. XIII y es más lo común que lo que separa. Por no hablar del sentimiento castellano mayoritario en Salamanca y en parte de Zamora, tras décadas de “castellanización” cultural : No olvidemos que para mentes preclaras como las de Claudio Sánchez Albornoz, Julio Valdeón o los integrantes de la Generación del 98 , la Castilla “auténtica” se identifica con la meseta norte. Y hasta hoy.
En fin, que en medio de este berenjenal y con la incomprensión de la mayoría del personal (cuando no la hostilidad abierta) los castellanistas intentamos salir del ghetto en el que los poderes fácticos, mediáticos y políticos nos han desterrado, con la innegable ayuda de la ignorancia y el desinterés de la mayoría de castellanos (y castellanas), más preocupados de su provincia, su pueblo, España (toda menos las provincias castellanas limítrofes), el Mundo mundial o la Vía Láctea.
Unos nos llaman utópicos, otros directamente nos miran como marcianos. Para los españolistas torrentiano-nadalianos, hoy día mayoritarios en nuestras tierras, somos nacionalistas y por lo tanto separatistas y malos . Para las izquierdas internacionalistas y españolistas,  las mal llamadas “nacionalidades históricas” tienen todos los derechos habidos y por haber, pero Castilla es una cosa del pasado, de los Reyes Católicos y Franco, y por lo tanto facha y mala.
Pero, a pesar de todo, nos mueve una convicción. Y un sentido del deber. Si nosotros nos rendimos, se habrá perdido la Esperanza para nuestra Madre Castilla, y posiblemente para su desagradecida hija España.

viernes, 28 de noviembre de 2014

La destrucción de una identidad (1ª parte: Castilla sur)

 
Preámbulo: Así están las cosas

El pasado fin de semana unos amigos malagueños, gente sana, inteligente y sin prejuicios estuvieron en Madrid. Compartimos una tarde de agradable tertulia, intercalada con chistes mal contados y divertidas anécdotas de ayer y hoy. En un momento dado, salió a colación el tema del castellanismo. Que quiénes éramos los castellanistas y qué buscábamos. La pregunta del millón (de maravedíes).

Difícil o no tanto definir el castellanismo, o más bien castellanismos. Casi sería más sencillo definir qué no es castellanismo.

En cualquier caso, y este es mi punto de vista personal y el de otras gentes que pululamos alrededor de los pocos movimientos verdaderamente castellanistas que aún quedan. Hay varios tipos de castellanismo: el independentista de extrema izquierda, el nacionalista, el regionalista, el que reivindica las 17 provincias del Pacto Federal Castellano del s.XIX (1) , el de Anselmo Carretero y sus seguidores,(2) el que sólo considera Castilla las 14 provincias de Castilla la Vieja y Castilla la Nueva, incluso el identitario o el que reivindica una Castilla unida como salvaguarda de España….hasta el que reivindica la recuperación de una Corona de Castilla disminuida (con las Castillas, Extremadura, Andalucía y Murcia). Casi tantos castellanismos como castellanistas. En común, todos en teoría tienen la reivindicación de una Castilla unida y fuerte, con más o menos provincias. Hasta los que reivindican la sustitución de las provincias creadas en 1833 por las comarcas, más acordes con las características sociogeográficas e históricas.

Y hay castellanistas, le comentaba a mi curioso amigo andaluz, que creemos que defender a Castilla es defender una España unida. Evidentemente no la España unida que sufrimos hoy día , desigual y asimétrica, con territorios ( y ciudadanos) de 1ª, 2ª y regional.

Hablando en plata: el problema de España no es Cataluña. Ni País Vasco. Ni Andalucía. El problema de España es que entre unos y otros han eliminado a Castilla.

Castilla no existe. Neutralizada, dividida, descastellanizada adrede. Y eso no sólo es malo para las Castillas y los castellanos. Es malo para toda España.

Castilla, desde los días de la Reconquista, fue la columna vertebral que sustentó el que luego sería Reino de España (que no España, muchos creemos que España sin Portugal está incompleta). Sin columna vertebral, todos sabemos que un cuerpo no puede mantenerse en pie.

Castilla ha sido borrada del mapa, nunca mejor dicho. Y revertir esa situación es la prioridad (o debería serlo) de todos los castellanismos. Castilla ha sido neutralizada en beneficio de las oligarquías catalana y vasca bajo las especies de los nacionalismos periféricos, con la connivencia de la oligarquía madrileña, que ha negado su propia castellanidad haciendo frente común con los independentistas que identifican Castilla = España.

Castilla ha sido neutralizada, del mismo modo que el Kurdistán o Prusia. En el caso del Kurdistán, los kurdos nunca han tenido estado propio, pero al menos mantienen su identidad contra todo y contra todos. El caso de Prusia es el más similar a Castilla: se la ha castigado por haber sido el motor de la unificación alemana. Comparando a Prusia con Castilla, ellos lo llevan peor en el sentido de que territorialmente han quedado mermados. Pero también en Prusia hay quienes con orgullo no olvidan ni su Historia ni su identidad.
¿Y cuál es la situación en las Castillas? El panorama, tras los últimos 40 años de manipulaciones, mentiras y descastellanización no puede ser más desalentador.

Todos los nacionalismos mienten desde sus medios de comunicación y adoctrinan desde sus planes de estudios. Así ha sido desespañolizando Cataluña y País Vasco, pero también blasinfantizando Andalucía o descastellanizando las Castillas.
 
PalabraTabú

La situación en el Sur de Castilla:
En Castilla la Nueva, Madrid ha sufrido un proceso brutal de descastellanización, con un lavado de cerebro colectivo sin parangón en el mundo occidental. Se nos ha convencido a los madrileños de que sólo somos españoles, que no tenemos identidad alguna, ni raíces ni perrito que nos ladre. Que somos “ciudadanos del Mundo”, una especie de Nueva Cork mesetario rodeado de desierto. Esto lleva a sinsentidos como que haya una absurda frontera en la comarca de la Sagra entre la Sagra toledana (Seseña) y la Sagra madrileña (Valdemoro) o entre la Alcarria de Guadalajara y la Alcarria madrileña (Alcalá de Henares). Lleva a disfunciones tales como que haya un incendio en Guadalajara y no puedan pasar los bomberos de Madrid, o que alguien de Guadalajara tenga que ir a operarse a Albacete teniendo los Hospitales de Madrid a sólo 51 Kilómetros.

Nos vendieron las comunidades autónomas como descentralización (eso está bien) y como servicio al ciudadano. Esto último desde luego no funciona ni para Toledo capital ni para Guadalajara capital, que ya de hecho son parte del área metropolitana de Madrid pero sin pertenecer al mismo ente autonómico.

Estoy convencido que a Madrid le iría mejor en un solo ente con Castilla-La Mancha, no sólo por el ahorro al suprimir administraciones autonómicas.

Pero aun partiendo de la base de que quizá fuese mejor que Madrid siguiese sola, como se nos vendió en 1983 ,como mero hecho administrativo, lo que no tiene perdón de Dios es que se haya borrado todo rastro de castellanidad en libros de texto, atlas y telemadrid. Que Castilla sea una palabra tabú en la provincia , sustituida por toda clase de circunloquios y eufemismos (os podría contar anécdotas muy sabrosas en festivales folclóricos) o que el escudo de Madrid, que tan gráficamente expresa nuestra relación con las dos Castillas nominales haya desaparecido “misteriosamente” de toda institución madrileña.
Si hasta la legislación de la C.A.M. reconoce nuestras raíces castellanas. ¿Por qué esto no se cuenta nunca? ¿Por qué se oculta que el rojo de la bandera de Madrid originariamente era rojo carmesí en honor a Castilla? ¿Por qué se tiene miedo a reconocer nuestras raíces?

Otra cosa que se obvia a menudo: Madrid no es sólo la ciudad de Madrid. Los lazos de Aranjuez, por ejemplo, con la vega del Tajo toledana son innegables. O los de Alcalá de Henares con todo el valle del Henares y la campiña de Guadalajara. ¿Por qué los que tanto presumen de modernidad y de ir hacia un mundo sin fronteras ponen fronteras entre pueblos hermanos? Por no hablar de un centralismo madrileño de nuevo cuño que parece ignorar todo aquello más allá de la M-30, y que incluso sufren barrios del propio Madrid.

¿ Y qué pasa con CLM?
Cuando se creó el “invento” de Castilla-La Mancha (Bono dixit) no se incluyó a Madrid porque se creía que su peso demográfico y económico desequilibraría la autonomía y adolecería de centralismo madrileño. Yo (y no soy el único) cada día tengo más claro que unidos seríamos más fuertes, que el agua del Tajo no se iría tan gratuitamente al Levante, que en Cuenca quizá no hubiese un basurero nuclear , etc. etc.

Castilla-La Mancha: curioso invento que suma el nombre del todo con el de una parte. Con todos los respetos y cariño hacia la comarca de la Mancha, su idiosincrasia y su grandeza, no toda Castilla-La Mancha es manchega. La provincia de Guadalajara no es manchega. La serranía de Cuenca no es manchega. Toledo capital y la tierra de Talavera de la Reina no son manchegas. Pero desde la Junta de Calamidades en un proceso de homogenización sólo comparable a la URSS de Stalin o al III Reich se lleva décadas promoviendo la mancheguización de todo el territorio. Y desde la ignorancia o la mala intención no es extraño leer, día sí y día también, en los medios de (in)comunicación barbaridades como llamar a Guadalajara o Talavera ciudades “manchegas”.

.“Me han dicho que a Castilla La Nueva la llaman Castilla-La Mancha. ¿Por qué La Mancha? La Mancha está muy debajo. La Alcarria no es La Mancha" (Claudio Sánchez-Albornoz, diario ABC, 15-10-1978).

En todo crimen hay un móvil, un “qui prodest” , un beneficiario. ¿A quién beneficia que Madrid y Castilla-La Mancha formasen dos autonomías? Está documentado que el nacionalismo catalán presionó para sacar a Madrid de su región geográfica e histórica. Pero a la burguesía madrileña tampoco le importó. Por no hablar del PP (antes AP), PSOE, UCD, etc., que prefieren mantener sus cuotas de poder y su ejército de cargos autonómicos. O de instancias superiores que no quieren ni por pienso ningún tipo de acercamiento entre Comunidades autónomas castellanas. Recomiendo a este respecto encarecidamente ver el vídeo publicado por la Asociación Socio-Cultural Castilla sobre los procesos autonómicos en Castilla la Nueva.
(continuará)





Robada a Jos ® Manuel SanzComarcasLaManchaEscastillaMADRISCASTELLA


(1) PFC: http://www.partidocastellano.org/es/noticias/?iddoc=8750
(2) Carretero: http://es.wikipedia.org/wiki/Anselmo_Carretero ; véase también anterior publicación sobre Anselmo Carretero en este mismo blog


























sábado, 18 de octubre de 2014

El oculto federalista castellano (artículo de Enric Juliana publicado en La Vanguardia de 10-11-2013)

El oculto federalista castellano
Anselmo Carretero Jiménez
TEMAS RELACIONADOS
La Constitución de 1978 nos dice que España está compuesta por nacionalidades y regiones, sin dar nombres, ni precisar en qué consiste la diferencia entre ambos componentes. Redactada bajo una democracia frágil y apenas estrenada, bajo la angustiante presión de los sectores más reactivos y reaccionarios del Ejército –“el poder fáctico”, se le llamaba entonces-, la Constitución es como uno de esos edificios en los que asoman pilares de hormigón en la azotea: el inmueble ya está habitado, pero sus moradores, si se lo propusiesen, podrían construir un piso superior. Digámoslo claro: la Constitución española admite un cierto desarrollo plurinacional de España, sin necesidad de proceder a su reforma. Bastaría con una ley orgánica que desarrollase el artículo 2. La ley de las nacionalidades y las regiones de España.

Es interesante releer el artículo 2: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”
En este redactado están muchas de las claves de aquel momento histórico. La palabra ‘indivisible’ aparece dos veces y junto a ella surge un concepto relativamente nuevo en el lenguaje jurídico-político español: las nacionalidades. Por primera vez, el orden constitucional español reconoce sujetos integrantes de distinta naturaleza. Insisto, por primera vez.


Esa distinción no figuraba en la Constitución de la Segunda República (1931), cuyo artículo 8 decía lo siguiente: "El Estado español, dentro de los límites irreductibles de su territorio actual, estará integrado por Municipios mancomunados en provincias y por las regiones que se constituyan en régimen de autonomía". La diferenciación entre nacionalidades y regiones también estaba muy lejos de la imaginación de los redactores del audaz proyecto de Constitución federal de 1873 –nunca aprobada y abortada en 1874 por el golpe del general Pavía- donde los órganos de la Primera República quedaban definidos así en el artículo 43: “El Municipio, el Estado Regional y el Estado federal o Nación”.

Los ponentes de la Constitución de 1978. Sentados, a la izquierda Miquel Roca, a la derecha, Jordi Solé Tura.

La inclusión del término nacionalidades en la Constitución de 1978 fue iniciativa de Miquel Roca i Junyent, con el apoyo de Jordi Solé Tura. Eran los dos ponentes catalanes en la comisión constitucional. Un abogado y un profesor de Derecho con experiencia política a cuestas. Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) y el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC). El ‘compromiso histórico’ de los años setenta entre el nuevo partido de las clases medias catalanistas y el partido más activo en la Catalunya de las fábricas y los barrios. Un abogado de estirpe nacionalista nacido en el exilio y un panadero autodicacta que llegó a ser catedrático de Derecho Constitucional. Un nacionalista pragmático y un eurocomunista (antiguo redactor de Radio España Independiente en Bucarest) con la mirada puesta en la socialdemocracia. En síntesis: la huella de la Assemblea de Catalunya en la Constitución española. El PSOE y el PCE estuvieron de acuerdo. UCD lo aceptó. Alianza Popular se opuso, exclamando desde la tribuna del Congreso: “¡Nación sólo hay una!”. Y los militares reactivos consiguieron que la palabra “indisoluble” se repitiese dos veces en dos líneas, por si alguna cosa no quedaba clara.
(Al escribir estas líneas me viene a la memoria el tablón de anuncios de la 5ª Compañía del Batallón Nápoles de la Brigada de Infantería de Reserva (BRIR) del campamento Álvarez de Sotomayor, en Viator (Almería), en cuyo estadillo de efectivos figuré durante catorce meses como soldado y cabo. Años 1979-80. Un tablón de anuncios que exhibía en lugar bien visible el testamento político del general Franco. Ya se habían celebrado las primeras elecciones democráticas. La Constitución ya había sido aprobada y refrendada. Y el testamento de Franco seguía allí).
El testamento del dictador en el tablón de anuncios de las unidades militares. En ese contexto se redactó y aprobó la Constitución de 1978. Conviene no olvidarlo. Y en ese contexto, los ponentes catalanes consiguieron el consenso suficiente para que el término nacionalidades figurase, por primera vez en la historia, en el articulado de una Constitución española. No está de más recordarlo en el actual fragor sobre la cuestión catalana. También conviene recordarlo a quienes, desde Catalunya, sin mucho conocimiento de causa, denigran la transición como tiempo de flojera y rosario de claudicaciones.

Ahí están las nacionalidades. En el artículo dos. Ese pilar que asoma por la azotea es hoy objeto de diversas interpretaciones arquitectónicas. Para el sector más duro de la derecha constitucional es un elemento molesto, en mala hora concedido, que algún día habrá que eliminar. Para otros es un mero elemento decorativo al que no hay que dar mayor importancia: vale más dejarlo como está y olvidarse de él. Bastantes dirigentes y cuadros del PSOE reunidos este fin de semana en Madrid ya se han olvidado, por ejemplo, del entusiasmo con que Gregorio Peces-Barba defendió el término nacionalidades desde la tribuna del Congreso, a la hora de rechazar una enmienda contraria de Alianza Popular: “Centrándonos ya en el tema ‘nacionalidades’, tengo que decir que nosotros no participamos del catastrofismo con que se enfoca en la enmienda que combatimos y en la inteligente intervención que el señor Silva (Federico Silva Muñoz, ex ministro de Franco y fundador de AP) ha hecho para defender su posición. Primero, nosotros hemos dicho en Comisión, y lo afirmamos de nuevo aquí, que el término ‘nacionalidad’ es un término sinónimo de nación, y por eso hemos hablado de España como nación de naciones”. Otros tiempos.
Miquel Roca lo defendió así, en términos muy pragmáticos: “Nación de naciones es un concepto nuevo, es un concepto -se dice- que no figura en otros Estados o que no figura en otras realidades, quizá sí; pero es que, señores, ayer ya se decía que nosotros tendremos que innovar. Lo que estamos intentando es encontrar soluciones propias a los problemas propios. El ignorar que el problema de las nacionalidades ha mantenido en vilo la estabilidad democrática de las instituciones españolas, desde hace centenares de años, es un grave error”.

Y Jordi Solé Tura lo remachaba: “Se define, en consecuencia, que España es una nación de naciones, y éste es un término que no es extraño en nuestra reflexión política y teórica como han demostrado algunos historiadores. Me refiero al senador catalán Josep Benet, que ha escrito un sugestivo artículo sobre el tema, ni es un término que política y sociológicamente sea tampoco tan extraño”. (Josep Benet, historiador, militante catalanista desde los años treinta, católico, hombre del monasterio de Montserrat y amigo del PSUC. De nuevo el ‘compromiso histórico’).


‘Nación de naciones’. Susana Díaz, la nueva estrella emergente del PSOE, hoy se mordería la lengua antes de pronunciar esa expresión, temerosa de ser acusada de antiespañola por la prensa conservadora de Madrid; temerosa de perder el favor de sus electores, asustados por la crisis y muy disgustados por la corrupción y el amiguismo detectado en la administración regional andaluza, donde no ha habido alternancia política en los últimos 31 años. No es difícil imaginarse a Carme Chacón removiéndose en la silla ante la inquietante nación de naciones. La joven y tenaz candidata, antaño estudiosa del fenómeno de Québec, siempre atenta a la oscilación de los humores en Madrid, sabe cuáles son las palabras que conviene y no conviene pronunciar. ¿Nación de naciones? A ver quién va al programa de Ana Rosa Quintana con ese lenguaje. Aquellos fueron los tiempos de la Política en sí misma. Hoy se impone el Postureo (dícese del arte de adoptar en cada momento la pose o actitud adecuada).

La nación de naciones, sin embargo, es una expresión de genuino sello socialista. Un sello anterior al congreso de Suresnes de 1974, en el que cómo recordábamos en semanas anteriores, el tándem formado por Felipe González y Alfonso Guerra llegó a defender “el derecho de autodeterminación de las nacionalidades” (Cuando el PSOE decía: ¡Autodeterminación!)


Señoras y señores, con todos ustedes, Anselmo Carretero Jiménez (Segovia, 1908- Ciudad de México, 2002), autor de la reflexión más compleja efectuada desde las filas socialistas sobre la pluralidad territorial española. Un hombre poco conocido por el gran público, pero con una impronta nada desdeñable en la España de los años setenta y ochenta. En parte, inventor del ‘café para todos’. Ahora veremos por qué.
Anselmo Carretero Jiménez, ingeniero industrial de formación, oceanógrafo, apasionado de la historia de España –y muy en particular de la de Castilla-, militante socialista desde joven, estudiante en Alemania y México, director general de Pesca con República, combatiente en la Guerra Civil y exiliado en México desde el final de la misma, desarrolló la teoría de España como nación de naciones.

Muy influido por su padre, el historiador castellanista Luis Carretero Nieva, Anselmo Carretero nadaba contra corriente e impugnaba uno de los grandes axiomas españoles: la férrea identificación de Castilla con el centralismo. Sostenía que el origen más profundo de la España centralista no está en Castilla, sino en el reino de León, sucesor directo del antiguo reino de Asturias. El imperialismo centralizador que tanto entusiasma a muchos españoles –especialmente a los cuerpos funcionariales del Estado-, tendría su origen genético en el viejo reino leonés y en su epicentro espiritual y religioso, Covadonga. No hay que buscarlo –sostenía Carretero- en los municipios de Castilla que en el siglo XVI tuvieron el coraje de rebelarse contra la corte imperial de Carlos I, recién llegada de Flandes (El 7 de noviembre de 1519, hace ahora cerca de quinientos años, el Cuerpo de Regidores de Toledo se dirigía a las demás ciudades castellanas expresando su malestar por la subida de impuestos y el acaparamiento de cargos por parte de los flamencos. Así empezaba la revuelta Comunera, aplastada finalmente por la alianza del Rey con el clero y la alta nobleza).


Carretero afirmaba que España estaba compuesta por cuatro pueblos monárquicos de influencia gótica (León, Asturias, Galicia y Extremadura) y otros pueblos de vieja tradición democratista o pactista, proclives al federalismo: Castilla, País Vasco, Navarra y toda la Corona de Aragón. Afirmaba que Castilla fue democrática, municipalista y federal en sus orígenes, y que lo demostró incluyendo a los vascos mediante pactos libres. Sometida por las monarquías absolutistas de los Austrias y los Borbones, acabaría convirtiéndose en mito de la España centralizadora. Metáfora de la España doliente, orgullosa y con el ego destrozado de finales del siglo XIX (generación del 98). Baluarte de José Ortega y Gasset. Estandarte del fascismo español (Falange Española y las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista). La España del trigo del general Franco. Arquetipo dominador y a la vez víctima del creciente centralismo de la ciudad de Madrid. Madrid versus Castilla, una idea que aún subsiste en algunos círculos castellanos.


Carretero era, por tanto, un federalista castellanista. Verdaderamente, una rara avis. Es interesante seguir sus teorías, muy bien explicadas en el libro del politólogo Daniel Guerra Sesma, Socialismo español y federalismo (1873-1976), de reciente aparición. Anselmo Carretero reprochaba a los nacionalistas periféricos, sobre todo a los catalanes, haber engrandecido el mito de la Castilla centralista, opresiva e imperial con el contra relato catalanista, inicialmente orientado a combatir el pensamiento depresivo de la generación del 98 en un momento decisivo para el despegue industrial de Catalunya. Sin mencionarlo, Carretero señalaba a Joan Maragall.

España, afirmaba el socialista segoviano, es nación de naciones. Es nación, no una mera superestructura plurinacional como intentó ser Yugoslavia. Una nación con vocación de tal, a su vez compuesta por naciones. Todo lo que no sea Catalunya, País Vasco o Galicia, no es ‘Castilla’, decía, contradiciendo la línea estatutista de la Segunda República, que dio prioridad a catalanes, vascos y gallegos. La nación española no sólo es una nación de ciudadanos, es también una nación de pueblos. Esa era su idea. Una nación-mosaico, cuya única solución razonable es la convivencia federal. Un federalismo nacional: diversidad legítima, unidad necesaria.

Carretero reprochaba al PSOE haber vivido demasiado pendiente de las mitificaciones españolistas y no haber prestado suficiente atención a los sentimientos nacionales de los catalanes. De haberlo hecho –sostenía- la federación catalana del PSOE no se habría diluido en el PSUC (adherido en 1936 a la Internacional Comunista), con las notables consecuencias que ese tránsito tuvo en la política española, como veíamos la semana pasada (El drama del PSOE en Catalunya). Evidentemente no era ese el pensamiento dominante en su partido. Otro heterodoxo del PSOE, Luis Araquistáin, lo veía de otra manera: “El juego imprudente a las nacionalidades es siempre peligroso en un país como España, perennemente socavado por la anarquía racial, y pudiera muy bien conducirnos a otra atomización cantonalista como la de 1873, que destruyó la primera República”.

Aunque su nombre nunca figuró en el cuadro de los principales dirigentes del PSOE, Anselmo Carretero tuvo una influencia real en la transición. Algunos jóvenes dirigentes socialistas de 1977 habían leído su obra –Las nacionalidades españolas (1952), La integración nacional de las Españas (1956), Los pueblos de España (1980)- y en cierta medida la asimilaron. Las tesis de Carretero influyeron en el comportamiento del PSOE andaluz a la hora de exigir la incorporación de Andalucía a las autonomías de primera en el decisivo referéndum de febrero de 1980, que significó el ocaso de la UCD de Adolfo Suárez. Hombres como José Rodríguez de la Borbolla y Ramón Vargas-Machuca habían leído a Carretero. Rodríguez de la Borbolla, presidente de la Junta de Andalucía entre 1984 y 1990, sostiene que la iniciativa de romper el techo autonómico estuvo directamente inspirada por el pensamiento federalista de Carretero. Y añade que el movimiento fue urdido exclusivamente por los dirigentes regionales del PSOE; los cuadros que se habían quedado en Andalucía sin dar el salto a la política española. González y Guerra, radicados en Madrid, se lo encontraron de frente y lo autorizaron, en la medida que era un buen jaque a UCD.

Rodríguez de la Borbolla, un hombre honesto cuya presidencia ha dejado buen recuerdo en Andalucía, sostiene con ahínco que la posición del PSOE en el referéndum de 1980 no fue meramente táctica; había un poso detrás. La presión de las élites locales y el deseo de no ser menos acabó generando en Andalucía una corriente autonomista de carácter popular. Incluso en Almería, la provincia más reticente. Doy fe de ello.

Podríamos decir que Anselmo Carretero defendía un café para todos de mejor calidad que el actual y bien etiquetado. Cuando vio la división autonómica que proponía UCD se llevó las manos a la cabeza: ¡Castilla y León, juntas, eso va contra la historia!

Si nos fijamos bien, la sutil distinción que la Constitución establece en el citado artículo 2 entre regiones y nacionalidades no es muy carreterista. Ahí ganó la partida el catalanismo clásico y el influjo del austro-marxismo en el PSUC.

Resulta del todo pertinente recordar hoy la huella de Anselmo Carretero en la aproximación del PSOE a las ideas federalistas. Una aproximación tardía y dificultosa, que siempre ha oscilado entre la audacia, el tacticismo y la impostura. Y no menos interesante es el lenguaje claro de ese castellano federalista. Un lenguaje que hoy sería rechazado abruptamente por el ala más carpetovetónica del partido (Bono, Ibarra, Leguina…) y asustaría a los candidatos y candidatas del socialismo mediático. Señal inequívoca de que el Partido Popular, triunfante, está imponiendo su marco mental y su lenguaje. El PP, heredero de esa Alianza Popular que no quería el término nacionalidades en la Constitución.

Puestos a recordar el castellanismo democrático y federalizante, hay que dar fe de otro personaje singular, hoy casi olvidado. Agapito Marazuela, abnegado reconstructor del folclore castellano; musicólogo, dulzainero, autor del Cancionero de Castilla la Vieja, militante comunista, preso durante varios años en las cárceles de Franco (Madrid, Burgos, Ocaña y Vitoria) e invitado especial en una de las más celebradas novelas de Manuel Vázquez Montalbán, Asesinato en el Comité Central.

(Para calibrar bien la obra de Carretero hay que regresar a su concepto de nación. El ensayista castellano concedía una especial relevancia a la voluntad colectiva, en la línea de Ernest Renan: “la nación es un plebiscito diario”. Bajo esta perspectiva, no es nada seguro que España presente hoy un mapa uniforme. El deseo de autonomía comienza a ser muy desigual. Al cierre de esta edición -como se decía antes-, llega a mis manos un opúsculo editado en 1977 por Ediciones Albia de Bilbao, con el ideario de Felipe González y Alfonso Guerra en el umbral de la democracia. Transcribo un fragmento. “El federalismo respeta la diversidad y crea un marco igualitario para cubrir las necesidades de los pueblos que integran el Estado español. No se trataría siquiera de imponer la autonomía a regiones o zonas cuya conciencia aún no las exija; ni tampoco de imponerlas en el mismo grado a las que la poseen de forma también diversa”).





























sábado, 12 de abril de 2014

Cataluña, Castilla, España…algo falla desde el S.XVII

 
diada 2012TOLEDO17numerosas-banderas-de-espana-durante-la-manifestacion-convocada-por-el-pp-bajo-el-lema-espana-por-la-libertad-no-mas-cesion$599x0
A vueltas de nuevo con Cataluña. Publicada en 2012 pero vigente aún, entrada de http://pepinillomutante.blogspot.com.es/2012/09/cataluna-castilla-espanaalgo-falla.html

Cataluña ha lanzado un órdago al conjunto de España. Siempre es Cataluña. O Euskadi, Galicia, Andalucía o el Cantón de Cartagena. Esta partida, con unas reglas del juego que se establecieron en 1978 nunca ha tenido en cuenta a un jugador. Un jugador que durante siglos puso los amarracos , puso las cartas, puso los aperitivos y puso la casa para jugar. Un jugador llamado Castilla que oficialmente no existe. Ni está ni se le espera, como dijo el otro. La que fuese columna vertebral de España, la que tendría que ser columna vertebral de España, sencillamente no existe.

Es muy cansado estar siempre con esta melodía. Pero más cansado resulta escuchar constantemente a los plañideros de la periferia.

Aunque, bien pensado, les envidio: luchan por lo suyo, por su tierra, por su gente, por sus intereses. Y tienen a todo el país en jaque. En cambio, los castellanos nos hemos sacrificado por el bien común a cambio de ser los malos oficiales, o de, en el caso de los madrileños, ni siquiera ser. Más que sacrificado, inmolado en el altar de una España eterna que cada vez nos da más la espalda.

Los palmeros del sistema, que no olvidemos que son mayoría, nos dirán que no pasa nada, que no va a pasar nada, que toda esta marea secesionista quedará en nada, como el plan Ibarretxe.
Nos dirán que ni la legislación vigente/Constitución (esa que cambiarán cuando les convenga como hicieron con la ley electoral), ni Europa, ni los EEUU, ni la ONU, ni el Rey (¿?), ni el abuelito de Heidi van a consentir la independencia de Cataluña. Palabras, palabras, palabras. Quizá no hoy, ni mañana. Pero si algo nos enseña la Historia es que si un pueblo tiene voluntad, da igual lo que diga la razón, la geografía, siglos de Historia común o la economía. Cataluña es parte de España, pero también lo fue Portugal durante siglos. Si se quieren ir, se irán.
Cataluña es España, de la misma manera que Madrid es Castilla. Y si unos señores decidieron hace 30 años que Madrid, Cantabria o Rioja ya no eran Castilla, ¿por qué no van a hacer lo mismo con Cataluña? Ya de entrada hablan de “conflicto Cataluña/España” como si pudiese haber un conflicto mano/resto del cuerpo.

Siguiendo la analogía anatómica, quizá el problema no sea que un miembro quiera auto-amputarse, el problema puede ser que este cuerpo anciano y venerable llamado España está enfermo.

Nuestro país está enfermo, y si las aspirinas del 78 sirvieron para hacer bajar la fiebre por unos lustros han demostrado ser insuficientes para atajar la gangrena que nos afecta.

El “café para todos” ha resultado ser café de Nicaragua para unos y achicoria mala para otros. Y los privilegiados quieren más aún. Creo que era Pedro de Hoyos el que comparaba la relación del Condado con la de un hijo y su padre. Ese hijo que amenaza con irse de casa si el padre no le regalaba una moto.
Aquí el problema es que el hijo seguirá en casa, se le comprará la moto, y todo lo que quiera, mientras que sus hermanos mayores, los que traen el sueldo íntegro a sus padres seguirán callando y pagando, convencidos de hacer lo mejor para todos.

Independencia ahora quizá no. Pero sí a la vuelta de la esquina un nuevo modelo territorial consagrando las diferencias que llevamos arrastrando desde la Constitución del 78. Habrá unos territorios “liberados” con todo tipo de privilegios, unos territorios supuestamente históricos, a saber: Cataluña, Euzkadi (más lo que se pidan: Navarra, Rioja, parte de Cantabria…), Galicia y probablemente Andalucía. En cambio, los territorios verdaderamente históricos, Aragón y Castilla pasaremos a la 2ª división o 5ª regional, total…a lo mejor, a lo sumo, se hacen concesiones al invento de la Comunidad de Madrid para que los madrileños sigamos creyendo que somos la leche y que la postergación de las provincias hermanas que nos rodean no nos va a afectar. Vamos, más mentiras y manipulación. Más de lo mismo.

Nuevamente tengo la impresión de que los que pensamos que Madrid debe volver a tomar el timón de España desde una Castilla fuerte y unida somos voces que clamamos en el desierto.

Pero quien sabe. Puede que hayan quemado nuestros bosques. Pero “si los pinares ardieron, aún nos queda el encinar”. Y si queman el encinar, repoblaremos. Quizá yo no lo vea, ni mis hijos. Pero si de las mentiras de Arana o de Infante surgieron voluntades “nacionales”; de la verdades seculares de un pueblo que fue el asombro del mundo puede volver a surgir la rebelión necesaria. Castilla no ha muerto, está en coma.

¡ CASTILLA, DESPIERTA! O muere.