Zocodover. Homenaje Comuneros 2011

Zocodover. Homenaje Comuneros 2011
Mostrando entradas con la etiqueta Foralismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Foralismo. Mostrar todas las entradas

sábado, 24 de marzo de 2018

En Castilla también hubo foralismo.

Aparecido en el blog Breviario Castellano
http://breviariocastellano.blogspot.com.es/2007/11/foralismo-castellano-res.html

La escasa historia moderna de lo que se podrían denominar eventos políticos autóctonos castellanos, ha venido a privilegiar alguno de los fastos históricos que si bien de escasa trascendencia no deja de ser digno de ser reseñado, Concretamente es el caso del Pacto Federal Castellano de 1869, que se puede consultar en Internet y que ha sido reeditado recientemente, y que sin duda es la base de reivindicación territorial, 17 provincias, de algunas agrupaciones políticas actuales de cuño pancastellanista. Solo como una invitación a la reflexión conviene recordar que se refiera a un acontecimiento de hace 131 años, e inspirado en el federalismo de Pi y Margall, político entusiasta del pensamiento utópico francés del siglo XIX, e incluso traductor de alguna de sus figuras más señeras como fue el caso de Proudhom. Innecesario recalcar que tal pensamiento utópico y abstracto hizo escasa mella en aquellas regiones, bien caracterizadas históricamente en su delimitación geográfica en el Antiguo Régimen hasta principios del siglo XIX, que sufrieron una merma casi absoluta en sus derechos forales y en sus características propias, es decir Castilla la Vieja, Castilla la Nueva y León. Ahora bien ese minúsculo "casi" es el hilo de Ariadna que convendría retomar con el fin de tener alguna probabilidad de éxito en la lucha contra ese monstruo del laberinto, que es el estado moderno – o sus sucedáneos autonómicos- fagocitador y castrante, ese Minotauro abstracto y frío, dios celoso y vengativo que exige el sacrificio y entrega de sus fieles.

Curiosamente no se hace nunca mención a unos acontecimientos que ocurrieron unos pocos años después en la Primera República, que constituyeron lo que se denominó el movimiento cantonal que ciertamente fue un acontecimiento político bastante asilvestrado y anárquico de poca ejemplaridad y de difícil hagiografía, pero por otra parte una constante en la vida política de la península ibérica desde las tribus celtibéricas a los reinos de taifas, desde el reino de Toro hasta la República Independiente de los Ancares, acontecimiento este último, si bien de escasos días de duración, rigurosamente histórico . El movimiento cantonal tuvo una notable repercusión en Salamanca, mencionado exclusivamente en las historias locales, debido a su carácter non santo. Parece por tanto llegado el momento de investigar en lo posible el movimiento cantonal en las tres regiones históricas antes mencionadas.


Muy anterior a los acontecimientos mencionados fue la última defensa de los exiguos restos del foralismo castellano antes de la irrupción del liberalismo decimonónico. Tal defensa estuvo ligada históricamente a ese potpourrie político que fue el carlismo, y que en variantes distintas se ha mantenido en Castilla hasta el siglo XX. No sería cuestión aquí de simplificar las cosas al grito de carcundas y retrógrados, puesto que, se quiera o no, las libertades forales tradicionales, las singularidades de muchos pueblos ibéricos, fueron defendidas en su momento por el carlismo y no por un liberalismo de corte francés, supuestamente avanzado y progresista . Es bien sabido, por ejemplo, que en la primera guerra carlista, culminada en el Abrazo de Vergara, había batallones castellanos en el bando carlista, como también, conviene recordarlo, batallones vascongados en el bando liberal, los chapelgorri, boinas rojas, del general Echagüe. En estos batallones castellanos había entre otros santanderinos, burgaleses y riojanos. En sus Episodios Nacionales Don Benito Pérez Galdós da una versión con anteojeras de progre decimonónico de estos acontecimientos, donde los carlistas eran llamados los negros, algo así como si hoy se dijera los fachas. Es decir que la pose liberal decimonónica y en parte la actual, considera que eso del foralismo son antiguallas medievales que deben sucumbir ante la libertad general y abstracta que obligatoriamente impone el estado moderno para felicidad de los ciudadanos del común, aviso para navegantes que debe sintonizar todo aquel que se meta en lides de tipo autonomista, regionalista, nacionalista o variantes del mismo jaez. Y hablando de obligatoriedades liberadoras y modernas, Santander, entre otras provincias, tuvo que hacer renuncia a los restos de sus fueros tradicionales al advenimiento del liberalismo. Estos son temas habitualmente relegados al País Vasco, Navarra, Cataluña o acaso Valencia, pero cuidadosamente evitado cuando se trata de Castilla , Reino de Toledo o León, faltaría más, sería como alborotar las ovejas dóciles del rebaño. Solo como testimonio personal a aportar, las únicas críticas políticas radicales escuchadas en la niñez (hace unos 40 años) en pleno franquismo nacional católico, salían de bocas carlistas, verdaderos insultos al sátrapa gallego que impedía tener a la diputación de Ávila las mismas competencias que a la Navarra foral. Queda así por recuperar una importante corriente foralista castellana incorporada en el carlismo, durante muchos decenios la única que hubo en Castilla, para estudiarla e incorporarla en su pleno valor en la herencia de lo que hoy se ha dado en llamar castellanismo.


Más cercano en el tiempo el último acontecimiento autonómico castellano de la primera mitad del siglo XX fue el proyecto de autonomía de Castilla la Vieja, Castilla la Nueva y León en la Segunda República. Pero dejemos la palabra al historiador y recordemos aquellos hechos a través de la pluma de Ramón Tamames :


"Tras el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, se produjo una auténtica eclosión de peticiones de autonomías regionales, al calor del restablecimiento del estatuto catalán y de la previsión de que a no tardar sería autorizado el del País Vasco".


…………………………………………………………………………………………….....................................
"Por su parte, el 20 de mayo inició sus actividades un grupo de diputados agrarios y de la CEDA con vistas a redactar un anteproyecto de estatuto de las dos Castillas y León; si bien no faltaron partidarios de prepararlo únicamente para Castilla la Vieja y León. Más aún, el 9 de junio, el ayuntamiento de Burgos decidió promover un estatuto para Castilla la Vieja exclusivamente. En todos estos intentos, se trataba de conseguir una autonomía tan amplia como la de Cataluña en lo concerniente a cesión de servicios generales, y tan intensa como el proyecto vasco en lo referente a derechos económicos y políticos".
………………………………………………………………………………………......................................................
"Es difícil emitir un juicio sobre la política regionalista de 1931-1936 y que en sus últimos días antes de la guerra civil experimentaba tan poderoso auge de ideas y proyectos. Brevemente podemos sintetizar nuestra opinión sobre tema tan controvertido:

El regionalismo correspondía a una problemática real, como lo anticiparon, en cierto modo, las tres guerras carlistas, en las que Vascongadas, Navarra y buena parte de Cataluña y Valencia habían luchado -cierto que con un complejo trasfondo de contradicciones y confusionismo- por sus antiguas libertades. Por tanto, durante la República no se inventó nada nuevo. Sólo se recogía un legado de problemas irresueltos y exacerbados por el centralismo".

(Ramón Tamames .Historia de España Alfaguara VII, La República. .La era de Franco. Alianza Universidad. Madrid 1983 ,pp189,191)



Llama la atención que en aquellos tiempos los castellanos, incluso los de derechas, tenían unas pretensiones autonómicas en plenitud e intensidad bastante mayores que las que manifestaron a la muerte del sátrapa gallego; sin duda las cosas han ido para atrás en este aspecto, es decir aún más domesticados. En cualquier caso parece que procede una investigación documental nada fácil puesto que el partido político que las promovió hace décadas que no existe; queda en cambio una posible recorrido en las hemerotecas a partir del 20 de mayo de 1936, acaso en El Debate y el ABC, los periódicos que quizá estuvieran más próximos a la CEDA. En cuanto al ayuntamiento de Burgos en teoría sería más fácil la investigación, si no se hubiera destruido en la guerra civil, sin descartar claro está la consulta de hemerotecas locales, o tal vez testigos si alguno queda vivo todavía.

Así pues quedan abiertos tres temas de interés en la actual andadura castellana de notable importancia:
1º) El movimiento cantonal en Castilla
2º) El foralismo castellano en el pensamiento y política carlista de los siglos XIX y XX
3º) El estatuto de autonomía castellano en la Segunda República.


No quedan pues sino los merodeos por hemerotecas, cual rata de biblioteca, las consultas a los historiadores amigos y conocidos, las tesis doctorales, los artículos de revista y otras fuentes de imposible enumeración.


RES

sábado, 12 de abril de 2014

Sobre el debate de las Cortes y Cataluña

Publicado en http://tierradeuceda.blogspot.com.es/2014/04/sobre-el-debate-de-las-cortes-y-cataluna.html
En esta ocasión, como acostumbro, voy a dar otra visión totalmente distinta de la mantenida por los diputados del Congreso y voceada por los distintos periódicos nacionales. Estoy de acuerdo en reglas generales con el veredicto de las Cortes al tema catalán, pero no con los argumentos que se han afirmado para sustentarlo.
El Presidente del Gobierno ha dicho una serie de frases cuanto menos curiosas: "No existen las soberanías regionales, provinciales ni locales", "No podemos ir contra las leyes".
"No existen las soberanías regionales"
Vayamos a los principios, y permítanme les obvie la munición de fogueo, yendo directamente a munición real. Quienes hoy se abrazan como amantes al respeto a la legalidad vigente actual son los herederos de quienes la violentaron en grado sumo en 1812. Me explico. España como concepto geográfico es toda la Península Ibérica. El actual Reino de España, como concepto político, es una realidad histórica que resulta de una serie de procesos convergentes entre diversos reinos fruto de la Reconquista. Reinos, por supuesto, soberanos (en cuanto a la soberanía del Príncipe que los regía). Quiere esto decir que la Monarquía Hispánica (origen político de España, porque no existe otro, duela a quien duela) es la consecuencia de un proceso de carácter federativo donde cada reino conservó sus leyes e instituciones, algo que es incuestionable. En este sentido se hace difícil (por no decir imposible) asumir que la realidad posterior (la Monarquía Hispánica, o peor aún, el Estado-Nación surgido en 1812) tiene preeminencia sobre las realidades fundacionales o federativas (es decir, más antiguas y que dan fundamento a la posterior). Vamos, que no. Lo siento mucho, pero no. Solamente basta con echar la vista atrás al proceso de construcción del Estado (o de cementación del concepto político de España) para darse cuenta de que efectivamente los cuerpos federativos fundacionales (los reinos) tienen todo el derecho del mundo, en tanto que pueblos depositarios de una cultura y una identidad, a formar parte voluntaria de un Estado o a dejar de formar parte del mismo cuando les plazca. Por tanto, no es que exista la soberanía regional, sino que lo que existe es la soberanía de los pueblos. Hay regiones que no son "pueblos", ejemplos de ello tenemos los pegotes administrativos de Francia (Languedoc-Roussillon o Centre) y Alemania (Rheinland-Pfalz) o en la propia España las estupideces administrativas de "Castilla-La Mancha" o "La Rioja", por poner ejemplos.
Carta de España en 1695
España, Hispania o la Península Ibérica es una realidad histórica formada por un conjunto de pueblos. Evidentemente, existe una cosmovisión peculiar en los pueblos hispánicos fruto del propio confinamiento geográfico y las relaciones históricas entre pueblos de la Península. Esa ligazón es lo que permite la creación de esa comunidad hermanada de intereses y sentimientos que llamamos España. Pero cuidado: no existe la "cultura española", ni el "idioma español", ni ninguna de esas estupideces. Existen las culturas españolas, y los idiomas españoles. Del mismo modo que no existe la "cultura británica", ni el "idioma británico", sino que existen las culturas e idiomas inglés, galés y escocés, que en conjunto son la realidad británica, pero dicha realidad no existe como algo unívoco. Ello es debido a que el proceso de formación del Reino de Gran Bretaña es similar al del Reino de España, de matriz federativa.
"No podemos ir contra las leyes"
Es muy graciosa esta frase, máxime viniendo de los herederos de aquellos que liquidaron las Leyes Fundamentales de las Españas en 1812 sin legitimidad alguna. Pongámonos en situación. Unos señores (sin duda principales e intelectuales de las diversas zonas) se reúnen y, dado el estado de tribulación y guerra reinante en el país, se articulan como Junta Central de Defensa para organizar la resistencia al invasor y planificar las operaciones militares en ausencia de Gobierno y del Rey. Hasta ahí todo bien, ya que inicialmente el objetivo era ganar la guerra y cesar en sus cometidos autoasumidos a la vuelta del orden legítimo (que guste o no, era el legítimo). En este sentido la Junta Central ejerce al principio una suerte de "servicio transitorio al Rey ausente", lo que es admirable. 
Cortes de Cádiz, 1812
Sin embargo, el problema surge cuando esos principales reunidos deciden, en ausencia del Gobierno legítimo y del Rey, derogar absolutamente todas las Leyes Fundamentales de la Monarquía y destruir legalmente el Estado, promulgando una Constitución (¿En base a qué derecho, si no habían sido votados por nadie?). Es decir, una serie de principales del Reino se arrogan voluntariamente la representación del mismo sin que nadie se la haya otorgado, ni el Rey ni el pueblo español (sugiero al lector que reflexione sobre el escándalo y la antijuridicidad de este hecho), y deciden ejecutar una maniobra de implosión derogando todas las Leyes Fundamentales del Reino. El problema es que, en efecto, una reunión turbulenta, como decía Jovellanos, o unas Cortes ilegítimamente convocadas y cuyos representantes no son elegidos por los reinos porque España estaba invadida y en guerra, se autoconfieren el poder para derogar todo el orden vigente hasta entonces, "en nombre de la nación española" (nación que andaba degollando franceses y a la que reitero nadie había preguntado nada).
Pues bien, los herederos de quienes cometieron tamaño desafuero están hoy sentados en el Congreso de los Diputados, y son los que dicen frases hipócritas del tipo "no podemos ir contra las leyes". Se olvidaron de decir "salvo cuando éstas no nos convengan". El Estado Liberal surgido en 1812 se configura hoy en día como una suerte de "Dictadura de la Ley", donde ésta ya no protege sino que coacciona, se aprueban leyes a diario sin el concurso del pueblo y en multitud de ocasiones contra los intereses del país, ya que los encargados de aprobarla son, en efecto, dignos herederos de quienes lo quebrantaron todo hace dos siglos. El Estado Liberal es quien aprueba hoy una Ley que dice "prohibido está llevar bigote" y mañana afirma "dentro de la Ley, todo, fuera de la Ley, nada". La Ley es efectivamente estúpida, pero es Ley. Y así andamos los españoles, cada vez más allanados jurídicamente ante todas estas barbaries que cercenan las libertades naturales de los hombres y los pueblos.
José Manuel Sanz

Non vnvs svfficit orbis / Un orbe no es suficiente