Zocodover. Homenaje Comuneros 2011

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sábado, 27 de marzo de 2021

La Diputación y los ayuntamientos de la provincia : contiene la instancia, firmada por Pedro Simón Llorente, al presidente de la Diputación de Burgos, de 19 de mayo de 1931)


La Diputación y los ayuntamientos de la provincia : contiene la instancia, firmada por Pedro Simón Llorente, al presidente de la Diputación de Burgos, de 19 de mayo de 1931 


Publicado originalmente en http://revistataranco.blogspot.com/2018/10/la-diputacion-y-los-ayuntamientos-de-la.html

(Diario de Burgos, 23 de mayo de 1931, p. 2)



En la última sesión celebrada por la Diputación Provincial, se dio cuenta de un escrito del alcalde de La Horra pidiendo a la Corporación que convoque una asamblea de muncipios burgaleses para estudiar y resolver lo que proceda con respecto al proyecto de estructuración federal de España.


En tal sentimiento están inspiradas dos cartas que el mismo día publicábamos en estas columnas, de los alcaldes deVillovela de Esgueva y Villafruela.


A continuación insertamos copia de la solicitud del Ayuntamiento de Palacios de la Sierra abundando en las mismas apreciaciones. A ésta seguirán otras.


Es de sumo interés y merece especial atención este despertar de los pueblos ante el problema nacional, cuando hasta ahora las masas rurales han vivido al margen de tales cuestiones. 


Sin embargo, la Comisión gestora de nuestra Diputación no lo ha comprendido así, considerando prematuro este asunto, toda vez que corresponde a las Cortes fijar la estructuración de España.


Indudablemente se trata de una confusíón, pues no queremos creer que nuestros diputados tengan la vista tan apartada de los anhelos y de la trascendencia de los momentos actuales.


En todas las provincias se nota el natural movimiento precursor de la lucha que se avecina. Cada una se preocupa de buscar la postura que debe adoptar para no resultar arrollada en el marco que mejor encaje. Sólo faltan dos meses escasos para que el debate del que puede resultar la ruina de unas comarcas y el florecimiento de otras, se desarrolle en toda su amplitud.


Y en estas circunstancias nuestra Diputación se encoge de hombros se desentiende del problema y cree que es prematuro tratar de él. Cree que son las Cortes las que deben decidir de nuestro porvenir, sin la menor intervención nuestra. Y esto cuando Cataluña se dispone a redactar el estatuto del estado catalán y otro tanto hacen Galicia, las Vascongadas, Navarra, Valencia y otras.


Repetimos que no creemos en una ofuscación semejante y que indudablemente se trata de un error que los mismos diputados se apresurarían a deshacer.


Burgos debe en esta hora crítica, estudiar lo que más conviene y después de bien definida su actitud y sus aspiraciones, buscar el contacto con las provincias hermanas para establecer el acuerdo.


Pero al decir Burgos no nos referimos a la capital, sino a la provincia, pues de sus intereses se trata y la más elemental idea democrática, exige tener en cuenta la opinión de los ayuntamientos especialmente cuando de ellos parte la iniciación.


Esto hace la Diputación de Navarra, la de Logroño, la de Valladolid, por no citar más que las próximas, y esto debe hacer la de Burgos y seguramente lo hará en cuanto a sus manos lleguen las instancias anunciadas de los pueblos.


Es una obligación que no puede delegar pues su responsabilidad sería inmensa si por omisión resultase nuestra provincia arrollada y su porvenir destruido. Puede perdonarse un error, pero no una deserción.


Seguramente son inútiles estas excitaciones y en el ánimo de los diputados está el abordar este magno problema en toda su extensión.


Por el Ayuntamiento de Palacios de la Sierra, ha sido dirigida la siguiente instancia: 


"Excmo. Sr. Presidente de la Diputación Provincial de Burgos.


Excmo. Señor:


El que suscribe, alcalde presidente del Ayuntamiento de Palacios de la Sierra, en nombre y representación del mismo, ante V.E. respetuosamente como mejor proceda expone:


Hace muchísimos años que entre la región catalana y el Gobierno español constituido, ha existido una tirantez de relaciones de la que siempre pagó los vidrios rotos la desdichada Castilla: aquélla 

interesada porque se resolviera el pleito de su autonomía que constantemente solicitaba; el Gobierno Central sin salir de su vida rutinaria, sacrificando quizá todo el comercio del resto de la Nación para contentar en parte a los catalanes que amenazaban con independizarse, así las cosas hasta que la corrompida y carcomida Monarquía ha sucumbido.


Los intereses de Castilla no son iguales que los de otras regiones y menos que los de Cataluña, y con la República ha llegado el momento de trazar la forma en que ha de regirse ésta. Por otra parte vemos 

la República de los Estados Unidos y la de Suiza, en que cada Estado y cada Cantón, no sólo son distintos sus intereses, sino sus costumbres, su religión y en la última, inclusive su idioma, y a pesar de todo ello con el sistema de República Federal en conjunto y los Estados o Cantones soberanos e independientes entre sí, en el que cada uno tiene sus limitaciones que se ha impuesto a su favor y en beneficio de la comunidad gozan de una independencia modelo de democracia. Este alcalde rural, basado en estos modelos y toscos argumentos, con fecha 16 de mayo actual, entre otros acuerdos, ha tomado un particular que dice:



"Hace presente el señor alcalde a sus compañeros la hora histórica que hoy atraviesa España, que aun cuando felizmente la República ha dado el paso gigantesco que anhelaban la mayoría de los españoles, hasta que las Cortes constituyentes digan la última palabra sobre la forma de en que ha de regirse dicha República, y teniendo en cuenta lo ha hech la región catalana, que adelantándose a las demás regiones se le ha concedido la autonomía federal, sería muy conveniente que nuestra región se ponga alerta para la defensa de sus intereses.


Quedan enterados y acuerdan que teniendo en cuenta las atinadas razones expuestas por el señor alcalde, que por dicha autoridad , se eleve respetuosa instancia a la Excma. Diputación para que convoque a una asamblea de municipios burgaleses y aún más factible a toda la región castellana, para regular la autonomía federativa de Castilla, que por derecho se nos debe conceder.


En méritos de todo lo expuesto no dudo que V.E. con su elevado criterio, sabrá interpretar mejor las necesidades y aspiraciones que a Castilla corresponden.


Viva V.E. muchos años.


Palacios de la Sierra a 19 de mayo de 1931.- El alcalde, Pedro Simón.- P.S.M., el secretario, Tomás Medrano."


miércoles, 26 de agosto de 2015

El idioma español: el castellano (por Eduardo de Prado)

Quién hace la guerra?  
          -Inglaterra ¡
¿Quién gana?
         -Francia !  
   ¿Y quien pierde?  
 -España ¡ ! 
             (Dicho popular en España).
En Cataluña el catalán y el castellano, lenguas, se han hecho la guerra en estos 30 últimos años. O mejor: el poder político autonómico nacionalista catalán ha hecho todo lo posible contra el español o castellano para favorecer que se imponga a todos  el catalán.
Pero ahora resulta que los comercios están, casi todos, en Barcelona, rotulados en inglés. Y cada vez más.
Pasa  algo  parecido en Madrid. Los de Madrid quería también ser ‘belingües’. Como un día quisieron ‘tener Autonomía’ no castellana, para no ser menos que los catalanes.
Pero hoy,  en Madrid corazón y centro de Castilla,  el inglés le va ganando terreno y espacios al mismísimo español ó castellano;  todo se va anglosajonizando… (España empieza a parecer como ‘una Gran Ramera’ que lo vende todo, incluso su alma, a cambio de unos euros  y del turismo, aunque sea de alpargata y bocadillos y lata de coca-cola, o litronas,   pa comer); 
Además de ese ilegal, ilegitimo y anticonstitucional,  hacer del inglés Lengua Vehicular en la  enseñanza en Castilla-Madrid autonomía (sin modificar  previamente la Carta Magna española vigente ¡!) hoy ya hasta  los hay que te ponen un cartel en Madrid  sólo en inglés y nadie cree  que deban  traducirlo al español o castellano.
Así que,  vienen  los turistas  anglosajones, o de USA o de Australia o Canadá, algo ‘subiditos’ y creciditos, y se creen  que deben  contestarles  en inglés los barrenderos, los taxistas, conductores del BUS, peones en las zanjas de las calles de la Villa y Corte y hasta los pobres  que piden a las puertas  de los Bancos y sobre todo de  las iglesias.
Enormes faltas de respeto al sencillo y noble pueblo español.
¡Que torpe eres, España!!
Pobre Castilla, pobre Cataluña y pobre España. 
Eduardo de Prado Álvarez (1)

(1) Fundador del Concejo Comunero de Barcelona en los años 60, luchador contra el franquismo e histórico del castellanismo, Eduardo de Prado consiguió sorprendentes resultados electorales para el Partido Castellano de Cataluña (PCAT).
Actualmente, tras su marcha del Pcas continúa su actividad intentando acercar posturas en Cataluña entre la sociedad civil no separatista y el castellanismo cultural.

sábado, 18 de octubre de 2014

El oculto federalista castellano (artículo de Enric Juliana publicado en La Vanguardia de 10-11-2013)

El oculto federalista castellano
Anselmo Carretero Jiménez
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La Constitución de 1978 nos dice que España está compuesta por nacionalidades y regiones, sin dar nombres, ni precisar en qué consiste la diferencia entre ambos componentes. Redactada bajo una democracia frágil y apenas estrenada, bajo la angustiante presión de los sectores más reactivos y reaccionarios del Ejército –“el poder fáctico”, se le llamaba entonces-, la Constitución es como uno de esos edificios en los que asoman pilares de hormigón en la azotea: el inmueble ya está habitado, pero sus moradores, si se lo propusiesen, podrían construir un piso superior. Digámoslo claro: la Constitución española admite un cierto desarrollo plurinacional de España, sin necesidad de proceder a su reforma. Bastaría con una ley orgánica que desarrollase el artículo 2. La ley de las nacionalidades y las regiones de España.

Es interesante releer el artículo 2: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”
En este redactado están muchas de las claves de aquel momento histórico. La palabra ‘indivisible’ aparece dos veces y junto a ella surge un concepto relativamente nuevo en el lenguaje jurídico-político español: las nacionalidades. Por primera vez, el orden constitucional español reconoce sujetos integrantes de distinta naturaleza. Insisto, por primera vez.


Esa distinción no figuraba en la Constitución de la Segunda República (1931), cuyo artículo 8 decía lo siguiente: "El Estado español, dentro de los límites irreductibles de su territorio actual, estará integrado por Municipios mancomunados en provincias y por las regiones que se constituyan en régimen de autonomía". La diferenciación entre nacionalidades y regiones también estaba muy lejos de la imaginación de los redactores del audaz proyecto de Constitución federal de 1873 –nunca aprobada y abortada en 1874 por el golpe del general Pavía- donde los órganos de la Primera República quedaban definidos así en el artículo 43: “El Municipio, el Estado Regional y el Estado federal o Nación”.

Los ponentes de la Constitución de 1978. Sentados, a la izquierda Miquel Roca, a la derecha, Jordi Solé Tura.

La inclusión del término nacionalidades en la Constitución de 1978 fue iniciativa de Miquel Roca i Junyent, con el apoyo de Jordi Solé Tura. Eran los dos ponentes catalanes en la comisión constitucional. Un abogado y un profesor de Derecho con experiencia política a cuestas. Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) y el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC). El ‘compromiso histórico’ de los años setenta entre el nuevo partido de las clases medias catalanistas y el partido más activo en la Catalunya de las fábricas y los barrios. Un abogado de estirpe nacionalista nacido en el exilio y un panadero autodicacta que llegó a ser catedrático de Derecho Constitucional. Un nacionalista pragmático y un eurocomunista (antiguo redactor de Radio España Independiente en Bucarest) con la mirada puesta en la socialdemocracia. En síntesis: la huella de la Assemblea de Catalunya en la Constitución española. El PSOE y el PCE estuvieron de acuerdo. UCD lo aceptó. Alianza Popular se opuso, exclamando desde la tribuna del Congreso: “¡Nación sólo hay una!”. Y los militares reactivos consiguieron que la palabra “indisoluble” se repitiese dos veces en dos líneas, por si alguna cosa no quedaba clara.
(Al escribir estas líneas me viene a la memoria el tablón de anuncios de la 5ª Compañía del Batallón Nápoles de la Brigada de Infantería de Reserva (BRIR) del campamento Álvarez de Sotomayor, en Viator (Almería), en cuyo estadillo de efectivos figuré durante catorce meses como soldado y cabo. Años 1979-80. Un tablón de anuncios que exhibía en lugar bien visible el testamento político del general Franco. Ya se habían celebrado las primeras elecciones democráticas. La Constitución ya había sido aprobada y refrendada. Y el testamento de Franco seguía allí).
El testamento del dictador en el tablón de anuncios de las unidades militares. En ese contexto se redactó y aprobó la Constitución de 1978. Conviene no olvidarlo. Y en ese contexto, los ponentes catalanes consiguieron el consenso suficiente para que el término nacionalidades figurase, por primera vez en la historia, en el articulado de una Constitución española. No está de más recordarlo en el actual fragor sobre la cuestión catalana. También conviene recordarlo a quienes, desde Catalunya, sin mucho conocimiento de causa, denigran la transición como tiempo de flojera y rosario de claudicaciones.

Ahí están las nacionalidades. En el artículo dos. Ese pilar que asoma por la azotea es hoy objeto de diversas interpretaciones arquitectónicas. Para el sector más duro de la derecha constitucional es un elemento molesto, en mala hora concedido, que algún día habrá que eliminar. Para otros es un mero elemento decorativo al que no hay que dar mayor importancia: vale más dejarlo como está y olvidarse de él. Bastantes dirigentes y cuadros del PSOE reunidos este fin de semana en Madrid ya se han olvidado, por ejemplo, del entusiasmo con que Gregorio Peces-Barba defendió el término nacionalidades desde la tribuna del Congreso, a la hora de rechazar una enmienda contraria de Alianza Popular: “Centrándonos ya en el tema ‘nacionalidades’, tengo que decir que nosotros no participamos del catastrofismo con que se enfoca en la enmienda que combatimos y en la inteligente intervención que el señor Silva (Federico Silva Muñoz, ex ministro de Franco y fundador de AP) ha hecho para defender su posición. Primero, nosotros hemos dicho en Comisión, y lo afirmamos de nuevo aquí, que el término ‘nacionalidad’ es un término sinónimo de nación, y por eso hemos hablado de España como nación de naciones”. Otros tiempos.
Miquel Roca lo defendió así, en términos muy pragmáticos: “Nación de naciones es un concepto nuevo, es un concepto -se dice- que no figura en otros Estados o que no figura en otras realidades, quizá sí; pero es que, señores, ayer ya se decía que nosotros tendremos que innovar. Lo que estamos intentando es encontrar soluciones propias a los problemas propios. El ignorar que el problema de las nacionalidades ha mantenido en vilo la estabilidad democrática de las instituciones españolas, desde hace centenares de años, es un grave error”.

Y Jordi Solé Tura lo remachaba: “Se define, en consecuencia, que España es una nación de naciones, y éste es un término que no es extraño en nuestra reflexión política y teórica como han demostrado algunos historiadores. Me refiero al senador catalán Josep Benet, que ha escrito un sugestivo artículo sobre el tema, ni es un término que política y sociológicamente sea tampoco tan extraño”. (Josep Benet, historiador, militante catalanista desde los años treinta, católico, hombre del monasterio de Montserrat y amigo del PSUC. De nuevo el ‘compromiso histórico’).


‘Nación de naciones’. Susana Díaz, la nueva estrella emergente del PSOE, hoy se mordería la lengua antes de pronunciar esa expresión, temerosa de ser acusada de antiespañola por la prensa conservadora de Madrid; temerosa de perder el favor de sus electores, asustados por la crisis y muy disgustados por la corrupción y el amiguismo detectado en la administración regional andaluza, donde no ha habido alternancia política en los últimos 31 años. No es difícil imaginarse a Carme Chacón removiéndose en la silla ante la inquietante nación de naciones. La joven y tenaz candidata, antaño estudiosa del fenómeno de Québec, siempre atenta a la oscilación de los humores en Madrid, sabe cuáles son las palabras que conviene y no conviene pronunciar. ¿Nación de naciones? A ver quién va al programa de Ana Rosa Quintana con ese lenguaje. Aquellos fueron los tiempos de la Política en sí misma. Hoy se impone el Postureo (dícese del arte de adoptar en cada momento la pose o actitud adecuada).

La nación de naciones, sin embargo, es una expresión de genuino sello socialista. Un sello anterior al congreso de Suresnes de 1974, en el que cómo recordábamos en semanas anteriores, el tándem formado por Felipe González y Alfonso Guerra llegó a defender “el derecho de autodeterminación de las nacionalidades” (Cuando el PSOE decía: ¡Autodeterminación!)


Señoras y señores, con todos ustedes, Anselmo Carretero Jiménez (Segovia, 1908- Ciudad de México, 2002), autor de la reflexión más compleja efectuada desde las filas socialistas sobre la pluralidad territorial española. Un hombre poco conocido por el gran público, pero con una impronta nada desdeñable en la España de los años setenta y ochenta. En parte, inventor del ‘café para todos’. Ahora veremos por qué.
Anselmo Carretero Jiménez, ingeniero industrial de formación, oceanógrafo, apasionado de la historia de España –y muy en particular de la de Castilla-, militante socialista desde joven, estudiante en Alemania y México, director general de Pesca con República, combatiente en la Guerra Civil y exiliado en México desde el final de la misma, desarrolló la teoría de España como nación de naciones.

Muy influido por su padre, el historiador castellanista Luis Carretero Nieva, Anselmo Carretero nadaba contra corriente e impugnaba uno de los grandes axiomas españoles: la férrea identificación de Castilla con el centralismo. Sostenía que el origen más profundo de la España centralista no está en Castilla, sino en el reino de León, sucesor directo del antiguo reino de Asturias. El imperialismo centralizador que tanto entusiasma a muchos españoles –especialmente a los cuerpos funcionariales del Estado-, tendría su origen genético en el viejo reino leonés y en su epicentro espiritual y religioso, Covadonga. No hay que buscarlo –sostenía Carretero- en los municipios de Castilla que en el siglo XVI tuvieron el coraje de rebelarse contra la corte imperial de Carlos I, recién llegada de Flandes (El 7 de noviembre de 1519, hace ahora cerca de quinientos años, el Cuerpo de Regidores de Toledo se dirigía a las demás ciudades castellanas expresando su malestar por la subida de impuestos y el acaparamiento de cargos por parte de los flamencos. Así empezaba la revuelta Comunera, aplastada finalmente por la alianza del Rey con el clero y la alta nobleza).


Carretero afirmaba que España estaba compuesta por cuatro pueblos monárquicos de influencia gótica (León, Asturias, Galicia y Extremadura) y otros pueblos de vieja tradición democratista o pactista, proclives al federalismo: Castilla, País Vasco, Navarra y toda la Corona de Aragón. Afirmaba que Castilla fue democrática, municipalista y federal en sus orígenes, y que lo demostró incluyendo a los vascos mediante pactos libres. Sometida por las monarquías absolutistas de los Austrias y los Borbones, acabaría convirtiéndose en mito de la España centralizadora. Metáfora de la España doliente, orgullosa y con el ego destrozado de finales del siglo XIX (generación del 98). Baluarte de José Ortega y Gasset. Estandarte del fascismo español (Falange Española y las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista). La España del trigo del general Franco. Arquetipo dominador y a la vez víctima del creciente centralismo de la ciudad de Madrid. Madrid versus Castilla, una idea que aún subsiste en algunos círculos castellanos.


Carretero era, por tanto, un federalista castellanista. Verdaderamente, una rara avis. Es interesante seguir sus teorías, muy bien explicadas en el libro del politólogo Daniel Guerra Sesma, Socialismo español y federalismo (1873-1976), de reciente aparición. Anselmo Carretero reprochaba a los nacionalistas periféricos, sobre todo a los catalanes, haber engrandecido el mito de la Castilla centralista, opresiva e imperial con el contra relato catalanista, inicialmente orientado a combatir el pensamiento depresivo de la generación del 98 en un momento decisivo para el despegue industrial de Catalunya. Sin mencionarlo, Carretero señalaba a Joan Maragall.

España, afirmaba el socialista segoviano, es nación de naciones. Es nación, no una mera superestructura plurinacional como intentó ser Yugoslavia. Una nación con vocación de tal, a su vez compuesta por naciones. Todo lo que no sea Catalunya, País Vasco o Galicia, no es ‘Castilla’, decía, contradiciendo la línea estatutista de la Segunda República, que dio prioridad a catalanes, vascos y gallegos. La nación española no sólo es una nación de ciudadanos, es también una nación de pueblos. Esa era su idea. Una nación-mosaico, cuya única solución razonable es la convivencia federal. Un federalismo nacional: diversidad legítima, unidad necesaria.

Carretero reprochaba al PSOE haber vivido demasiado pendiente de las mitificaciones españolistas y no haber prestado suficiente atención a los sentimientos nacionales de los catalanes. De haberlo hecho –sostenía- la federación catalana del PSOE no se habría diluido en el PSUC (adherido en 1936 a la Internacional Comunista), con las notables consecuencias que ese tránsito tuvo en la política española, como veíamos la semana pasada (El drama del PSOE en Catalunya). Evidentemente no era ese el pensamiento dominante en su partido. Otro heterodoxo del PSOE, Luis Araquistáin, lo veía de otra manera: “El juego imprudente a las nacionalidades es siempre peligroso en un país como España, perennemente socavado por la anarquía racial, y pudiera muy bien conducirnos a otra atomización cantonalista como la de 1873, que destruyó la primera República”.

Aunque su nombre nunca figuró en el cuadro de los principales dirigentes del PSOE, Anselmo Carretero tuvo una influencia real en la transición. Algunos jóvenes dirigentes socialistas de 1977 habían leído su obra –Las nacionalidades españolas (1952), La integración nacional de las Españas (1956), Los pueblos de España (1980)- y en cierta medida la asimilaron. Las tesis de Carretero influyeron en el comportamiento del PSOE andaluz a la hora de exigir la incorporación de Andalucía a las autonomías de primera en el decisivo referéndum de febrero de 1980, que significó el ocaso de la UCD de Adolfo Suárez. Hombres como José Rodríguez de la Borbolla y Ramón Vargas-Machuca habían leído a Carretero. Rodríguez de la Borbolla, presidente de la Junta de Andalucía entre 1984 y 1990, sostiene que la iniciativa de romper el techo autonómico estuvo directamente inspirada por el pensamiento federalista de Carretero. Y añade que el movimiento fue urdido exclusivamente por los dirigentes regionales del PSOE; los cuadros que se habían quedado en Andalucía sin dar el salto a la política española. González y Guerra, radicados en Madrid, se lo encontraron de frente y lo autorizaron, en la medida que era un buen jaque a UCD.

Rodríguez de la Borbolla, un hombre honesto cuya presidencia ha dejado buen recuerdo en Andalucía, sostiene con ahínco que la posición del PSOE en el referéndum de 1980 no fue meramente táctica; había un poso detrás. La presión de las élites locales y el deseo de no ser menos acabó generando en Andalucía una corriente autonomista de carácter popular. Incluso en Almería, la provincia más reticente. Doy fe de ello.

Podríamos decir que Anselmo Carretero defendía un café para todos de mejor calidad que el actual y bien etiquetado. Cuando vio la división autonómica que proponía UCD se llevó las manos a la cabeza: ¡Castilla y León, juntas, eso va contra la historia!

Si nos fijamos bien, la sutil distinción que la Constitución establece en el citado artículo 2 entre regiones y nacionalidades no es muy carreterista. Ahí ganó la partida el catalanismo clásico y el influjo del austro-marxismo en el PSUC.

Resulta del todo pertinente recordar hoy la huella de Anselmo Carretero en la aproximación del PSOE a las ideas federalistas. Una aproximación tardía y dificultosa, que siempre ha oscilado entre la audacia, el tacticismo y la impostura. Y no menos interesante es el lenguaje claro de ese castellano federalista. Un lenguaje que hoy sería rechazado abruptamente por el ala más carpetovetónica del partido (Bono, Ibarra, Leguina…) y asustaría a los candidatos y candidatas del socialismo mediático. Señal inequívoca de que el Partido Popular, triunfante, está imponiendo su marco mental y su lenguaje. El PP, heredero de esa Alianza Popular que no quería el término nacionalidades en la Constitución.

Puestos a recordar el castellanismo democrático y federalizante, hay que dar fe de otro personaje singular, hoy casi olvidado. Agapito Marazuela, abnegado reconstructor del folclore castellano; musicólogo, dulzainero, autor del Cancionero de Castilla la Vieja, militante comunista, preso durante varios años en las cárceles de Franco (Madrid, Burgos, Ocaña y Vitoria) e invitado especial en una de las más celebradas novelas de Manuel Vázquez Montalbán, Asesinato en el Comité Central.

(Para calibrar bien la obra de Carretero hay que regresar a su concepto de nación. El ensayista castellano concedía una especial relevancia a la voluntad colectiva, en la línea de Ernest Renan: “la nación es un plebiscito diario”. Bajo esta perspectiva, no es nada seguro que España presente hoy un mapa uniforme. El deseo de autonomía comienza a ser muy desigual. Al cierre de esta edición -como se decía antes-, llega a mis manos un opúsculo editado en 1977 por Ediciones Albia de Bilbao, con el ideario de Felipe González y Alfonso Guerra en el umbral de la democracia. Transcribo un fragmento. “El federalismo respeta la diversidad y crea un marco igualitario para cubrir las necesidades de los pueblos que integran el Estado español. No se trataría siquiera de imponer la autonomía a regiones o zonas cuya conciencia aún no las exija; ni tampoco de imponerlas en el mismo grado a las que la poseen de forma también diversa”).





























sábado, 7 de junio de 2014

República, Monarquía, las 2 Españas y nosotros en medio




Tras la abdicación de Juan Carlos I se ha vuelto a abrir el debate sobre el modelo de Estado para España: Monarquía o República.
Los castellanistas en este particular también nos hallamos divididos, aunque parece que los republicanos son/somos mayoría.

Para muchos la República es la solucíón a todos nuestros males. Como republicano y federalista debería estar de acuerdo con ellos, pero no veo las cosas tan de color de rosa (o de morado)
El debate para los pocos que amamos esta tierra y nos duele su abandono no debería ser quién tiene que ser el Jefe del Estado.

Consideración primera: ¿son radicalmente distintas y antagónicas las políticas y la forma de estar en el mundo de los Estados Unidos de América (República) y su fiel aliado el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte (Monarquía)?
¿Tienen algo que ver entre sí las repúblicas de EEUU, Francia o Italia con las repúblicas de Siria, Irán o Venezuela?
O dicho de otro modo: la república per se no soluciona nada. Imaginemos de presidente de la República, a digamos, un Aznar, Zapatero o F.González ¿algún castellanista serio cree que iba a tener más sensibilidad hacia nuestra causa que un monarca de la dinastía Borbón o cualquier otra?

Consideración segunda: muchos olvidan que en las manifestaciones de los pasados días a favor de uno u otro modelo, las dos banderas (rojigualda y tricolor) representan a España. Unos no son más españoles que los otros. 

Consideración tercera: me atrevería a asegurar que muchos no quieren una 3ª república, sino una 2ª república-bis. Es decir, tras décadas de intentar reconciliar a las dos Españas, algunos se empeñan en reivindicar una etapa que acabó en un baño de sangre y en el enfrentamiento de hermanos contra hermanos.

Consideración cuarta: ¿saben la mayoría de los que llevan la enseña tricolor el por qué del morado de la tercera franja? Esos mismos a los que se les cae la baba con la "lucha legítima" de las "nacionalidades oprimidas por el Estado Español" pero que se ríen de los castellanistas mirándonos como a friquis pasados de moda. (1)

Consideración quinta: para las formaciones políticas en cabeza de la causa republicana, empezando por IU, Castilla no existe. Ni está ni se la espera. Buena parte de los partidos que presumen de federalistas asumen el injusto y asimétrico mapa autonómico que sufrimos. Mapa. que, amigos castellanos/as, nunca olvidéis, respetó todas las regiones españolas menos dos: León y Castilla. Dividiendo a la segunda en entes inanes, anexionando la primera a los restos de Castilla la Vieja, descastellanizando Madrid y aislándola de su Hinterland, promoviendo nuevas identidades para la Rioja y Cantabria.

Para Castilla y los castellanos ese debería ser el quid de la cuestión. Monarquía o República van a seguir ignorándonos, negándonos el pan y la sal.

El problema es que a la mayoría de los castellanos esto les trae al pairo. A los de la derecha españolista, porque dicen defender la unidad de España (mientras que desprecian las culturas españolas minoritarias) y a los de la izquierda multicultural y “ciudadana del mundo” porque en el fondo para ellos Castilla es algo antiguo y/o paleto y/o “franquista” (esos mismos que defienden la supervivencia de las culturas indígenas de la Amazonía o los “derechos históricos” de vascos y catalanes, mientras desprecian y reniegan de sus propias raíces). No hace mucho, un amigo vallisoletano y militante de Iu me espetaba algo así como que nuestro problema era secundario, que lo importante era luchar contra "la derecha". Sí, sin lugar a dudas nuestro problema es "secundario". Basta alejarse unos kilómetros de Madrid o Valladolid para ver los pueblos despoblados, el silencio en los campos, el abandono de nuestra tierra.

Es muy probable que en breve veamos un nuevo proceso constituyente. Y, nos traiga lo que nos traiga el futuro, seguiremos siendo el felpudo de España si no nos movemos. No nos queda apenas tiempo, Castilla ya apenas es algo más que un capítulo de la Historia de España.

(1) Según el decreto que la regula en 1931, se razona así: 

[...] Hoy se pliega la bandera adoptada como nacional a mediados del siglo XIX. De ella se conservan los dos colores y se le añade un tercero, que la tradición admite por insignia de una región ilustre, nervio de la nacionalidad, con lo que el emblema de la República, así formado, resume más acertadamente la armonía de una gran España. [...] 


http://es.wikipedia.org/wiki/Bandera_de_la_Segunda_Rep%C3%BAblica_Espa%C3%B1ola

http://www.abc.es/cultura/20140202/abci-bandera-republicana-general-rojo-201402012039.html

http://www.izquierdarepublicana.com/bandera-de-la-ii-rep%C3%BAblica

jueves, 17 de abril de 2014

Semana Santa, respeto y consecuencia. Sobre Castilla la Nueva


Viendo la procesión de el “Cristo de Mena” (que en realidad ya no es el original de Mena) en Málaga (Andalucía, esa región española que tiene más en común con Castilla de lo que muchos creen) me vienen a la cabeza diversas consideraciones:

Parece ser que cuando algunos reivindicamos la región histórica española de Castilla la Nueva, somos poco más o menos que friquis trasnochados, nostálgicos de “los tiempos de Franco” y lindezas por el estilo. Vayamos por partes: Como Castilla la Nueva se conoció a la parte sur de Castilla a partir del siglo XV.Nunca tuvo entidad jurídica ni administrativa al margen del resto de Castilla, pero desde luego, muchos siglos de Historia e identidad asumida por todos sus habitantes, cosa que no puede decirse del actual “invento” administrativo de Castilla-La Mancha.

Pues bien. En este país tan moderno resulta que es respetable reivindicar un régimen político y una bandera que no duraron más de 8 años, pero una región histórica con siglos de existencia es algo “del pasado”. Lo mismo puede decirse de quienes defienden una institución y una dinastía que sólo han traído decadencia y ruina a las Españas.

Para esta sociedad también es consecuente y respetable que el Dios del Amor y de las Bienaventuranzas sea portado por guerreros, instruidos para la guerra y la muerte. Yo no lo acabo de entender, pero lo respeto como una tradición y una manera de sentir la religiosidad.

Vamos, que todo lo que le parece bien a la mayoría está socialmente bien visto. Lo que defendemos las minorías no merece respeto, aunque tengamos la razón y la Historia de nuestro lado.

“Esta es Castilla, que faze los hommes y los gasta”. Esta es España, donde al más ignorante le llevan en andas.Esto es lo que hay, y con estos bueyes hemos de arar.



.Mapa2Republica
Mapa de Castilla la Nueva en tiempos de la “franquista” segunda república española.