Zocodover. Homenaje Comuneros 2011

Zocodover. Homenaje Comuneros 2011

domingo, 29 de marzo de 2015

Sobre Castilla oriental, ese hermoso desierto demográfico y The Guardian



Tremendo que tenga que ser un medio de comunicación foráneo, The Guardian, el que denuncie el abandono y despoblación del desierto español, el de Guadalajara, Soria, Cuenca o Teruel. Nuestros medios callan. Y muchos hijos de esas tierras (por no llamarles de otra forma) de forma ignorante o no , reivindican un nuevo centralismo "a la francesa". para España (¿qué  es para ellos España?¿Soria, Guadalajara o Teruel son menos España? Alucina pepinillos con esos super-españolistas a los que les importa un comino lo que pasa a buena parte de "su" España)




Esto no es Francia, señores. A pocos kilómetros de Madrid está el mayor desierto demográfico de Europa tras Siberia y Laponia. . Trasvase, ATC, Fracking, envejecimiento, despoblación, abandono...todo lo malo para estas provincias malditas.

Y luego los friquis somos los castellanistas que clamamos contra la muerte de nuestra tierra. Más vale ser friqui que un borreguito de un lugar llamado Mundo. O un centralista-españolista que dice amar a España mientras deja morir a la España interior, sus pueblos y sus gentes. Un pijo urbanita como esos de UpyD o Ciutadans que quieren acabar con el 80% de nuestros pequeños municipios.  

Todos los que hoy aclaman con palmas a la reina Isabel, al Cid, a los Comuneros, o al Empecinado, mañana crucificarán a su  tierra con su voto. Feliz domingo de Ramos.

jueves, 19 de febrero de 2015

UPyD, CIUTADANS por desaparición de Pueblos. El PCAS, sólo ante la defensa de nuestro medio rural


Nos permitimos compartir este comunicado que nos envía el PCAS-TC de Cuenca. Porque nos negamos a que las Castillas sean el erial de España. Porque queremos pueblos vivos.





NOTA DE PRENSA

EL PARTIDO CASTELLANO – TIERRA COMUNERA (PCAS-TC) DENUNCIA QUE UPyD Y CIUTADANS PRETENDEN LA DESAPARICIÓN DE MÁS DEL 95% DE LOS MUNICIPIOS CONQUENSES

El PARTIDO CASTELLANO – TIERRA COMUNERA (PCAS-TC) denuncia públicamente que las propuestas de los partidos políticos UPyD y Ciutadans de eliminación de ayuntamientos y de fusión de municipios, provocará la desaparición en la provincia de Cuenca de más del 95% de los actualmente existentes. Los castellanistas consideran que la pervivencia de los pequeños municipios y de las entidades locales menores, es esencial para combatir la despoblación y el envejecimiento rural, para acercar la administración al ciudadano, así como para generar propuestas de desarrollo endógenas en el territorio. Así, desde el PARTIDO CASTELLANO – TIERRA COMUNERA (PCAS-TC) se reclama a la población rural que rechace participar en las candidaturas de partidos como UPyD o Ciutadans una de cuyas principales propuestas pasa por suprimir sus Ayuntamientos.

Tanto los responsables de UPyD como los de Ciutadans han defendido desde hace años, e incluido en sus programas, la fusión de municipios como presunta medida de “modernización de la administración”, en la misma línea que subyacía en la Ley de Modernización y Sostenibilidad de la Administración Local del PP, aprobada en diciembre de 2013, y que finalmente excluyó, ante la presión de las instituciones locales, una de sus más contestadas propuestas: la “fusión obligatoria de pequeños municipios”. 

Ahora las declaraciones de los principales líderes de estas formaciones, Rosa Díez y Albert Rivera, insisten en la misma idea, apostando en el caso de UPyD por suprimir todos los municipios de menos de 5.000 habitantes, dejando los 8.112 municipios españoles en aproximadamente 1.400, mientras que Albert Rivera va más lejos, reclamando dejar en 900 los municipios españoles. Eso supondría que los 238 municipios conquenses pasarían a unos 12 ¡aproximadamente el 5% de los actuales! en una medida que fundamentalmente agrede al territorio castellano y que demuestra el profundo desconocimiento de la realidad rural y local que caracteriza a estas formaciones políticas centralistas urbanitas.

Las consecuencias de la desaparición de la mayor parte de los Ayuntamientos existentes, para los castellanistas, no supondría ningún ahorro, pues la mayor parte de sus cargos públicos (alcaldes, alcaldes pedáneos, concejales y vocales en juntas vecinales) no perciben remuneración alguna, sino que impulsaría un notable encarecimiento en la prestación de los servicios básicos a la población rural, diseminada, aislada y envejecida, ya que habrían de ser prestados desde la lejanía y el desconocimiento, generaría un deterioro de la calidad de los servicios públicos, notables recortes en los mismos fruto de su encarecimiento, y una privatización a medio plazo. Todo ello supondría, por tanto, un impulso a los procesos despobladores en el medio rural y de éxodo de sus gentes a las ciudades, con el consiguiente deterioro del patrimonio cultural, monumental, natural, ambiental y de las infraestructuras de los pueblos.

La desaparición forzosa de los Ayuntamientos rurales, las instituciones más democráticas y antiguas que existen en nuestro país, supone una vulneración de la autonomía local, la expropiación de sus vastos patrimonios públicos y comunales, la enajenación a sus vecinos del derecho fundamental de decidir colectivamente como gestionar su vida municipal.

Para el PARTIDO CASTELLANO – TIERRA COMUNERA (PCAS-TC) las razones que esgrimen Rosa Díez y Albert Rivera para justificar esta propuesta, como "garantizar la viabilidad de los ayuntamientos", "mejorar la prestación de los servicios públicos", o "ahorrar costes", son una mera patraña, ya que el nivel de endeudamiento de los consistorios en España, no guarda relación con su tamaño (hay pequeños ayuntamientos muy saneados y otros muy grandes que no pagan ni a sus empleados públicos), mientras que el número de ayuntamientos no garantiza ni racionalidad ni calidad de vida, puesto que Francia, con 36.000 ayuntamientos (España tiene 8.000) es el paradigma de la conservación del medio rural y de la calidad de vida en los pequeños pueblos.

La desaparición de los pequeños municipios en Cuenca y Castilla no garantizará ahorro (la mayoría ya cuentan con servicios mancomunados de aguas, residuos, transporte, etc... sus servicios de secretaría y administración están compartidos, y las propiedades de cada pueblo deberán ser gestionadas de manera individualizada: montes, cotos, etc...) y salvo que se pretenda la desaparición física de los núcleos de población, la prestación de los servicios públicos se hará más cara y burocrática, así como de peor calidad y menos democrática, cuanto más lejos de realice. Lo que si conseguirá la desaparición de los municipios, será dar un golpe definitivo a la viabilidad del Medio Rural conquense y castellano. Siendo la lucha contra la despoblación y el envejecimiento, la prioridad del campo castellano, la eliminación de Ayuntamientos y de Partidos Judiciales, solo conseguirá liquidar instituciones con fuerte raigambre social (más de mil años de historia) y agudizar el fenómeno del exterminio del medio rural castellano. Los pueblos no han causado la crisis.


Para El PARTIDO CASTELLANO – TIERRA COMUNERA (PCAS-TC) resulta un sarcasmo que partidos como UPyD o Ciutadans, una de cuyas principales propuestas electorales es la desaparición de los pequeños municipios, presente candidaturas en los mismos, por ello, los castellanistas reclaman de todos aquellos defensores de un Medio Rural Castellano Vivo un BOICOT ACTIVO que impida que partidos anti-municipios y mata-pueblos engañen a los vecinos de municipios y pedanías, para conseguir votos que finalmente se utilizarán para suprimir sus ayuntamientos y su autonomía y democracia local.

Los castellanistas hacen una apuesta decidida por el Medio Rural Castellano, por la vida en sus pueblos, por defender sus instituciones democráticas: ayuntamientos y juntas vecinales, por la mancomunación de municipios como ámbito colaborativo para la prestación de servicios que exceden el límite municipal, por la recuperación de la gestión de las propiedades públicas y comunales, y por la adopción de medidas claras de “discriminación positiva” hacia quienes han hecho la opción de vivir en el campo, con rebajas impositivas a la inversión en actividades económicas, con prestación de servicios de igual calidad al medio urbano, con cesiones de viviendas y opciones laborales a quienes se trasladen al campo.



Agrupación Provincial de Cuenca
cuenca@partidocastellano.org


jueves, 15 de enero de 2015

La enfermedad de España, anemia castellana


Lo habremos repetido hasta la saciedad, pero vamos a utilizar un símil anatómico para que lo puedan entender los más cenutrios del lugar.
España es como un cuerpo humano. Un cuerpo manco, ya que desde hace siglos perdió la mano de Portugal en la batalla de Aljubarrota.
En fin. Es duro decirlo, pero España puede vivir sin sus extremidades. Sobre todo sin las inferiores: Cataluña o País Vasco podrían autoimputarse y el cuerpo seguiría viviendo y pensando. Mal o peor, pero seguiría vivo.
Pero el problema clave de España es su tronco, con su columna vertebral y sus órganos vitales.
Ese tronco, llamado Castilla, que por intereses varios (que también pueden ser consultados por quien tenga curiosidad o interés)  fue descoordinado y desmembrado. Madrid, el corazón (y motor) de España, va a su aire. Lo mismo sucede con el aparato respiratorio castellano-leonés (sic) o con el digestivo castellano-manchego, por no hablar del hígado riojano o los pulmones cántabros. Cada uno vela por sus intereses. Desde este blog y otro puñado de blogs castellanistas seguiremos repitiendo nuestra verdad como voz que clama en el desierto.
España, monárquica o republicana, de izquierdas o de derechas no será posible sin Castilla.

domingo, 14 de diciembre de 2014

La destrucción de una Nación: Situación en el norte de Castilla (y II)


Y si la situación en el sur no es buena, en el norte no es mucho mejor. Al menos en parte de Castilla-La Mancha y de Madrid , muy tímida y minoritariamente , surgen voces, y no sólo en el castellanismo político o cultural que reivindican más Castilla (en el caso de clm) o recuperar nuestra identidad sustraída (en el caso de Madrid).
Al norte de la Sierra de Guadarrama, por contra a lo que muchos pensábamos en el sur, la cosa tampoco pinta bien. A pesar de que tanto oficiosamente como a nivel popular la mayoría de españoles y castellanos identifican a Castilla con la actual Comunidad autónoma de Castilla y León. La realidad, desde mi modesto punto de vista es la que sigue :
En Cantabria, sólo algunos mayores recuerdan a Santander como “el mar de Castilla” o “La montaña” .Décadas de regionalismo y reinvención de la Historia han conseguido prácticamente descastellanizar la provincia. La mitificación de un pasado prerromano completamente desaparecido o de un breve Ducado visigodo parece tener más peso que siglos de Historia común con el resto de Castilla. Así se llega a la paradoja de que la cuna de Castilla se encuentre fuera de la Castilla “oficial”. Y no hablaremos hoy de ciertos personajes súper-populares que “parieron” el invento antes de ser famosos mundialmente por llevar anchoas a la Corona. Personajes provenientes, curiosamente, del Régimen franquista. Tampoco hablaremos del interés que en la transición tenía el nacionalismo vasco porque Cantabria se segregase de Castilla la Vieja, como está bien documentado.
Ese interés vasco por no tener frontera con una Castilla fuerte también motivó la secesión de la Rioja.
Rioja que, al igual que media Cantabria, aparece en los mapas del primer nacionalismo vasco. Rioja que sustenta sus señas de identidad en el vino, la prosperidad económica y estar en el Valle del Ebro (al igual que Cantabria en su clima y paisaje netamente oceánicos) . Eso es todo. 40 tantos años de regionalismo han podido sobre siglos de Historia común (igual que en Madrid los “intereses nacionales” y 30 años de reinventar la Historia han podido con 9 siglos de castellanidad y muchos más de “toledanidad”) .Sólo señalaré que también es paradójico que nuestro idioma castellano naciese o se forjase en buena parte en la Rioja, es decir, fuera de las fronteras de la Castilla oficial. Medítese.
¿Y qué pasa con la comunidad autónoma con mayor “pedigrí” castellano? (o al menos, insisto, así se ven y los ven sus habitantes)
Castilla y León: ya sólo el nombre debería dar repelús no sólo al estudioso de la Historia. Es la única autonomía bicéfala, lo que queda reflejado en la misma conjunción “y”. Construida sobre  la unión forzosa (nuevamente en nombre de “razones de Estado” como dijo el leonés Martín Villa) de la región histórica de León y los restos de Castilla la Vieja, una vez despojada de Logroño y Santander.
Y mientras que en CLM se ha creado una identidad mancheguizante sobre mitos quijotescos y vinícola-queseros, en Cantabria sobre un comic a lo Asterix, en Rioja sobre el vino y la horticultura…en CyL se han apropiado, sí, ese es el verbo apropiado, de la Historia del Movimiento de las Comunidades de Castilla (o Comuneros de Castilla). Curiosamente, revolución que nació en Toledo (ahora Castilla-La Mancha) y que resistió heroicamente en la ciudad del Tajo una vez que Padilla, Bravo y Maldonado fuesen ejecutados tras Villalar.
Parece que sólo hubo comuneros en CyL gracias a la labor desinformadora de instituciones como la Fundación Villalar. Y encontrar una bandera roja carmesí de Castilla (o morada, aunque el tema del color de la bandera hoy no vamos a hablar) es tan difícil en Burgos como en Toledo o Madrid.
Y luego está la espinosa “cuestión leonesa”. León tiene una identidad diferenciada, una Historia como Reino antes que Castilla. Los movimientos leonesistas y cada vez más castellanistas lo tienen claro: León tiene derecho a seguir su propio camino al margen de Castilla. En cambio, para otros castellanistas la Historia de León y Castilla va unida definitivamente desde el s. XIII y es más lo común que lo que separa. Por no hablar del sentimiento castellano mayoritario en Salamanca y en parte de Zamora, tras décadas de “castellanización” cultural : No olvidemos que para mentes preclaras como las de Claudio Sánchez Albornoz, Julio Valdeón o los integrantes de la Generación del 98 , la Castilla “auténtica” se identifica con la meseta norte. Y hasta hoy.
En fin, que en medio de este berenjenal y con la incomprensión de la mayoría del personal (cuando no la hostilidad abierta) los castellanistas intentamos salir del ghetto en el que los poderes fácticos, mediáticos y políticos nos han desterrado, con la innegable ayuda de la ignorancia y el desinterés de la mayoría de castellanos (y castellanas), más preocupados de su provincia, su pueblo, España (toda menos las provincias castellanas limítrofes), el Mundo mundial o la Vía Láctea.
Unos nos llaman utópicos, otros directamente nos miran como marcianos. Para los españolistas torrentiano-nadalianos, hoy día mayoritarios en nuestras tierras, somos nacionalistas y por lo tanto separatistas y malos . Para las izquierdas internacionalistas y españolistas,  las mal llamadas “nacionalidades históricas” tienen todos los derechos habidos y por haber, pero Castilla es una cosa del pasado, de los Reyes Católicos y Franco, y por lo tanto facha y mala.
Pero, a pesar de todo, nos mueve una convicción. Y un sentido del deber. Si nosotros nos rendimos, se habrá perdido la Esperanza para nuestra Madre Castilla, y posiblemente para su desagradecida hija España.

viernes, 28 de noviembre de 2014

La destrucción de una identidad (1ª parte: Castilla sur)

 
Preámbulo: Así están las cosas

El pasado fin de semana unos amigos malagueños, gente sana, inteligente y sin prejuicios estuvieron en Madrid. Compartimos una tarde de agradable tertulia, intercalada con chistes mal contados y divertidas anécdotas de ayer y hoy. En un momento dado, salió a colación el tema del castellanismo. Que quiénes éramos los castellanistas y qué buscábamos. La pregunta del millón (de maravedíes).

Difícil o no tanto definir el castellanismo, o más bien castellanismos. Casi sería más sencillo definir qué no es castellanismo.

En cualquier caso, y este es mi punto de vista personal y el de otras gentes que pululamos alrededor de los pocos movimientos verdaderamente castellanistas que aún quedan. Hay varios tipos de castellanismo: el independentista de extrema izquierda, el nacionalista, el regionalista, el que reivindica las 17 provincias del Pacto Federal Castellano del s.XIX (1) , el de Anselmo Carretero y sus seguidores,(2) el que sólo considera Castilla las 14 provincias de Castilla la Vieja y Castilla la Nueva, incluso el identitario o el que reivindica una Castilla unida como salvaguarda de España….hasta el que reivindica la recuperación de una Corona de Castilla disminuida (con las Castillas, Extremadura, Andalucía y Murcia). Casi tantos castellanismos como castellanistas. En común, todos en teoría tienen la reivindicación de una Castilla unida y fuerte, con más o menos provincias. Hasta los que reivindican la sustitución de las provincias creadas en 1833 por las comarcas, más acordes con las características sociogeográficas e históricas.

Y hay castellanistas, le comentaba a mi curioso amigo andaluz, que creemos que defender a Castilla es defender una España unida. Evidentemente no la España unida que sufrimos hoy día , desigual y asimétrica, con territorios ( y ciudadanos) de 1ª, 2ª y regional.

Hablando en plata: el problema de España no es Cataluña. Ni País Vasco. Ni Andalucía. El problema de España es que entre unos y otros han eliminado a Castilla.

Castilla no existe. Neutralizada, dividida, descastellanizada adrede. Y eso no sólo es malo para las Castillas y los castellanos. Es malo para toda España.

Castilla, desde los días de la Reconquista, fue la columna vertebral que sustentó el que luego sería Reino de España (que no España, muchos creemos que España sin Portugal está incompleta). Sin columna vertebral, todos sabemos que un cuerpo no puede mantenerse en pie.

Castilla ha sido borrada del mapa, nunca mejor dicho. Y revertir esa situación es la prioridad (o debería serlo) de todos los castellanismos. Castilla ha sido neutralizada en beneficio de las oligarquías catalana y vasca bajo las especies de los nacionalismos periféricos, con la connivencia de la oligarquía madrileña, que ha negado su propia castellanidad haciendo frente común con los independentistas que identifican Castilla = España.

Castilla ha sido neutralizada, del mismo modo que el Kurdistán o Prusia. En el caso del Kurdistán, los kurdos nunca han tenido estado propio, pero al menos mantienen su identidad contra todo y contra todos. El caso de Prusia es el más similar a Castilla: se la ha castigado por haber sido el motor de la unificación alemana. Comparando a Prusia con Castilla, ellos lo llevan peor en el sentido de que territorialmente han quedado mermados. Pero también en Prusia hay quienes con orgullo no olvidan ni su Historia ni su identidad.
¿Y cuál es la situación en las Castillas? El panorama, tras los últimos 40 años de manipulaciones, mentiras y descastellanización no puede ser más desalentador.

Todos los nacionalismos mienten desde sus medios de comunicación y adoctrinan desde sus planes de estudios. Así ha sido desespañolizando Cataluña y País Vasco, pero también blasinfantizando Andalucía o descastellanizando las Castillas.
 
PalabraTabú

La situación en el Sur de Castilla:
En Castilla la Nueva, Madrid ha sufrido un proceso brutal de descastellanización, con un lavado de cerebro colectivo sin parangón en el mundo occidental. Se nos ha convencido a los madrileños de que sólo somos españoles, que no tenemos identidad alguna, ni raíces ni perrito que nos ladre. Que somos “ciudadanos del Mundo”, una especie de Nueva Cork mesetario rodeado de desierto. Esto lleva a sinsentidos como que haya una absurda frontera en la comarca de la Sagra entre la Sagra toledana (Seseña) y la Sagra madrileña (Valdemoro) o entre la Alcarria de Guadalajara y la Alcarria madrileña (Alcalá de Henares). Lleva a disfunciones tales como que haya un incendio en Guadalajara y no puedan pasar los bomberos de Madrid, o que alguien de Guadalajara tenga que ir a operarse a Albacete teniendo los Hospitales de Madrid a sólo 51 Kilómetros.

Nos vendieron las comunidades autónomas como descentralización (eso está bien) y como servicio al ciudadano. Esto último desde luego no funciona ni para Toledo capital ni para Guadalajara capital, que ya de hecho son parte del área metropolitana de Madrid pero sin pertenecer al mismo ente autonómico.

Estoy convencido que a Madrid le iría mejor en un solo ente con Castilla-La Mancha, no sólo por el ahorro al suprimir administraciones autonómicas.

Pero aun partiendo de la base de que quizá fuese mejor que Madrid siguiese sola, como se nos vendió en 1983 ,como mero hecho administrativo, lo que no tiene perdón de Dios es que se haya borrado todo rastro de castellanidad en libros de texto, atlas y telemadrid. Que Castilla sea una palabra tabú en la provincia , sustituida por toda clase de circunloquios y eufemismos (os podría contar anécdotas muy sabrosas en festivales folclóricos) o que el escudo de Madrid, que tan gráficamente expresa nuestra relación con las dos Castillas nominales haya desaparecido “misteriosamente” de toda institución madrileña.
Si hasta la legislación de la C.A.M. reconoce nuestras raíces castellanas. ¿Por qué esto no se cuenta nunca? ¿Por qué se oculta que el rojo de la bandera de Madrid originariamente era rojo carmesí en honor a Castilla? ¿Por qué se tiene miedo a reconocer nuestras raíces?

Otra cosa que se obvia a menudo: Madrid no es sólo la ciudad de Madrid. Los lazos de Aranjuez, por ejemplo, con la vega del Tajo toledana son innegables. O los de Alcalá de Henares con todo el valle del Henares y la campiña de Guadalajara. ¿Por qué los que tanto presumen de modernidad y de ir hacia un mundo sin fronteras ponen fronteras entre pueblos hermanos? Por no hablar de un centralismo madrileño de nuevo cuño que parece ignorar todo aquello más allá de la M-30, y que incluso sufren barrios del propio Madrid.

¿ Y qué pasa con CLM?
Cuando se creó el “invento” de Castilla-La Mancha (Bono dixit) no se incluyó a Madrid porque se creía que su peso demográfico y económico desequilibraría la autonomía y adolecería de centralismo madrileño. Yo (y no soy el único) cada día tengo más claro que unidos seríamos más fuertes, que el agua del Tajo no se iría tan gratuitamente al Levante, que en Cuenca quizá no hubiese un basurero nuclear , etc. etc.

Castilla-La Mancha: curioso invento que suma el nombre del todo con el de una parte. Con todos los respetos y cariño hacia la comarca de la Mancha, su idiosincrasia y su grandeza, no toda Castilla-La Mancha es manchega. La provincia de Guadalajara no es manchega. La serranía de Cuenca no es manchega. Toledo capital y la tierra de Talavera de la Reina no son manchegas. Pero desde la Junta de Calamidades en un proceso de homogenización sólo comparable a la URSS de Stalin o al III Reich se lleva décadas promoviendo la mancheguización de todo el territorio. Y desde la ignorancia o la mala intención no es extraño leer, día sí y día también, en los medios de (in)comunicación barbaridades como llamar a Guadalajara o Talavera ciudades “manchegas”.

.“Me han dicho que a Castilla La Nueva la llaman Castilla-La Mancha. ¿Por qué La Mancha? La Mancha está muy debajo. La Alcarria no es La Mancha" (Claudio Sánchez-Albornoz, diario ABC, 15-10-1978).

En todo crimen hay un móvil, un “qui prodest” , un beneficiario. ¿A quién beneficia que Madrid y Castilla-La Mancha formasen dos autonomías? Está documentado que el nacionalismo catalán presionó para sacar a Madrid de su región geográfica e histórica. Pero a la burguesía madrileña tampoco le importó. Por no hablar del PP (antes AP), PSOE, UCD, etc., que prefieren mantener sus cuotas de poder y su ejército de cargos autonómicos. O de instancias superiores que no quieren ni por pienso ningún tipo de acercamiento entre Comunidades autónomas castellanas. Recomiendo a este respecto encarecidamente ver el vídeo publicado por la Asociación Socio-Cultural Castilla sobre los procesos autonómicos en Castilla la Nueva.
(continuará)





Robada a Jos ® Manuel SanzComarcasLaManchaEscastillaMADRISCASTELLA


(1) PFC: http://www.partidocastellano.org/es/noticias/?iddoc=8750
(2) Carretero: http://es.wikipedia.org/wiki/Anselmo_Carretero ; véase también anterior publicación sobre Anselmo Carretero en este mismo blog


























sábado, 18 de octubre de 2014

El oculto federalista castellano (artículo de Enric Juliana publicado en La Vanguardia de 10-11-2013)

El oculto federalista castellano
Anselmo Carretero Jiménez
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La Constitución de 1978 nos dice que España está compuesta por nacionalidades y regiones, sin dar nombres, ni precisar en qué consiste la diferencia entre ambos componentes. Redactada bajo una democracia frágil y apenas estrenada, bajo la angustiante presión de los sectores más reactivos y reaccionarios del Ejército –“el poder fáctico”, se le llamaba entonces-, la Constitución es como uno de esos edificios en los que asoman pilares de hormigón en la azotea: el inmueble ya está habitado, pero sus moradores, si se lo propusiesen, podrían construir un piso superior. Digámoslo claro: la Constitución española admite un cierto desarrollo plurinacional de España, sin necesidad de proceder a su reforma. Bastaría con una ley orgánica que desarrollase el artículo 2. La ley de las nacionalidades y las regiones de España.

Es interesante releer el artículo 2: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”
En este redactado están muchas de las claves de aquel momento histórico. La palabra ‘indivisible’ aparece dos veces y junto a ella surge un concepto relativamente nuevo en el lenguaje jurídico-político español: las nacionalidades. Por primera vez, el orden constitucional español reconoce sujetos integrantes de distinta naturaleza. Insisto, por primera vez.


Esa distinción no figuraba en la Constitución de la Segunda República (1931), cuyo artículo 8 decía lo siguiente: "El Estado español, dentro de los límites irreductibles de su territorio actual, estará integrado por Municipios mancomunados en provincias y por las regiones que se constituyan en régimen de autonomía". La diferenciación entre nacionalidades y regiones también estaba muy lejos de la imaginación de los redactores del audaz proyecto de Constitución federal de 1873 –nunca aprobada y abortada en 1874 por el golpe del general Pavía- donde los órganos de la Primera República quedaban definidos así en el artículo 43: “El Municipio, el Estado Regional y el Estado federal o Nación”.

Los ponentes de la Constitución de 1978. Sentados, a la izquierda Miquel Roca, a la derecha, Jordi Solé Tura.

La inclusión del término nacionalidades en la Constitución de 1978 fue iniciativa de Miquel Roca i Junyent, con el apoyo de Jordi Solé Tura. Eran los dos ponentes catalanes en la comisión constitucional. Un abogado y un profesor de Derecho con experiencia política a cuestas. Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) y el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC). El ‘compromiso histórico’ de los años setenta entre el nuevo partido de las clases medias catalanistas y el partido más activo en la Catalunya de las fábricas y los barrios. Un abogado de estirpe nacionalista nacido en el exilio y un panadero autodicacta que llegó a ser catedrático de Derecho Constitucional. Un nacionalista pragmático y un eurocomunista (antiguo redactor de Radio España Independiente en Bucarest) con la mirada puesta en la socialdemocracia. En síntesis: la huella de la Assemblea de Catalunya en la Constitución española. El PSOE y el PCE estuvieron de acuerdo. UCD lo aceptó. Alianza Popular se opuso, exclamando desde la tribuna del Congreso: “¡Nación sólo hay una!”. Y los militares reactivos consiguieron que la palabra “indisoluble” se repitiese dos veces en dos líneas, por si alguna cosa no quedaba clara.
(Al escribir estas líneas me viene a la memoria el tablón de anuncios de la 5ª Compañía del Batallón Nápoles de la Brigada de Infantería de Reserva (BRIR) del campamento Álvarez de Sotomayor, en Viator (Almería), en cuyo estadillo de efectivos figuré durante catorce meses como soldado y cabo. Años 1979-80. Un tablón de anuncios que exhibía en lugar bien visible el testamento político del general Franco. Ya se habían celebrado las primeras elecciones democráticas. La Constitución ya había sido aprobada y refrendada. Y el testamento de Franco seguía allí).
El testamento del dictador en el tablón de anuncios de las unidades militares. En ese contexto se redactó y aprobó la Constitución de 1978. Conviene no olvidarlo. Y en ese contexto, los ponentes catalanes consiguieron el consenso suficiente para que el término nacionalidades figurase, por primera vez en la historia, en el articulado de una Constitución española. No está de más recordarlo en el actual fragor sobre la cuestión catalana. También conviene recordarlo a quienes, desde Catalunya, sin mucho conocimiento de causa, denigran la transición como tiempo de flojera y rosario de claudicaciones.

Ahí están las nacionalidades. En el artículo dos. Ese pilar que asoma por la azotea es hoy objeto de diversas interpretaciones arquitectónicas. Para el sector más duro de la derecha constitucional es un elemento molesto, en mala hora concedido, que algún día habrá que eliminar. Para otros es un mero elemento decorativo al que no hay que dar mayor importancia: vale más dejarlo como está y olvidarse de él. Bastantes dirigentes y cuadros del PSOE reunidos este fin de semana en Madrid ya se han olvidado, por ejemplo, del entusiasmo con que Gregorio Peces-Barba defendió el término nacionalidades desde la tribuna del Congreso, a la hora de rechazar una enmienda contraria de Alianza Popular: “Centrándonos ya en el tema ‘nacionalidades’, tengo que decir que nosotros no participamos del catastrofismo con que se enfoca en la enmienda que combatimos y en la inteligente intervención que el señor Silva (Federico Silva Muñoz, ex ministro de Franco y fundador de AP) ha hecho para defender su posición. Primero, nosotros hemos dicho en Comisión, y lo afirmamos de nuevo aquí, que el término ‘nacionalidad’ es un término sinónimo de nación, y por eso hemos hablado de España como nación de naciones”. Otros tiempos.
Miquel Roca lo defendió así, en términos muy pragmáticos: “Nación de naciones es un concepto nuevo, es un concepto -se dice- que no figura en otros Estados o que no figura en otras realidades, quizá sí; pero es que, señores, ayer ya se decía que nosotros tendremos que innovar. Lo que estamos intentando es encontrar soluciones propias a los problemas propios. El ignorar que el problema de las nacionalidades ha mantenido en vilo la estabilidad democrática de las instituciones españolas, desde hace centenares de años, es un grave error”.

Y Jordi Solé Tura lo remachaba: “Se define, en consecuencia, que España es una nación de naciones, y éste es un término que no es extraño en nuestra reflexión política y teórica como han demostrado algunos historiadores. Me refiero al senador catalán Josep Benet, que ha escrito un sugestivo artículo sobre el tema, ni es un término que política y sociológicamente sea tampoco tan extraño”. (Josep Benet, historiador, militante catalanista desde los años treinta, católico, hombre del monasterio de Montserrat y amigo del PSUC. De nuevo el ‘compromiso histórico’).


‘Nación de naciones’. Susana Díaz, la nueva estrella emergente del PSOE, hoy se mordería la lengua antes de pronunciar esa expresión, temerosa de ser acusada de antiespañola por la prensa conservadora de Madrid; temerosa de perder el favor de sus electores, asustados por la crisis y muy disgustados por la corrupción y el amiguismo detectado en la administración regional andaluza, donde no ha habido alternancia política en los últimos 31 años. No es difícil imaginarse a Carme Chacón removiéndose en la silla ante la inquietante nación de naciones. La joven y tenaz candidata, antaño estudiosa del fenómeno de Québec, siempre atenta a la oscilación de los humores en Madrid, sabe cuáles son las palabras que conviene y no conviene pronunciar. ¿Nación de naciones? A ver quién va al programa de Ana Rosa Quintana con ese lenguaje. Aquellos fueron los tiempos de la Política en sí misma. Hoy se impone el Postureo (dícese del arte de adoptar en cada momento la pose o actitud adecuada).

La nación de naciones, sin embargo, es una expresión de genuino sello socialista. Un sello anterior al congreso de Suresnes de 1974, en el que cómo recordábamos en semanas anteriores, el tándem formado por Felipe González y Alfonso Guerra llegó a defender “el derecho de autodeterminación de las nacionalidades” (Cuando el PSOE decía: ¡Autodeterminación!)


Señoras y señores, con todos ustedes, Anselmo Carretero Jiménez (Segovia, 1908- Ciudad de México, 2002), autor de la reflexión más compleja efectuada desde las filas socialistas sobre la pluralidad territorial española. Un hombre poco conocido por el gran público, pero con una impronta nada desdeñable en la España de los años setenta y ochenta. En parte, inventor del ‘café para todos’. Ahora veremos por qué.
Anselmo Carretero Jiménez, ingeniero industrial de formación, oceanógrafo, apasionado de la historia de España –y muy en particular de la de Castilla-, militante socialista desde joven, estudiante en Alemania y México, director general de Pesca con República, combatiente en la Guerra Civil y exiliado en México desde el final de la misma, desarrolló la teoría de España como nación de naciones.

Muy influido por su padre, el historiador castellanista Luis Carretero Nieva, Anselmo Carretero nadaba contra corriente e impugnaba uno de los grandes axiomas españoles: la férrea identificación de Castilla con el centralismo. Sostenía que el origen más profundo de la España centralista no está en Castilla, sino en el reino de León, sucesor directo del antiguo reino de Asturias. El imperialismo centralizador que tanto entusiasma a muchos españoles –especialmente a los cuerpos funcionariales del Estado-, tendría su origen genético en el viejo reino leonés y en su epicentro espiritual y religioso, Covadonga. No hay que buscarlo –sostenía Carretero- en los municipios de Castilla que en el siglo XVI tuvieron el coraje de rebelarse contra la corte imperial de Carlos I, recién llegada de Flandes (El 7 de noviembre de 1519, hace ahora cerca de quinientos años, el Cuerpo de Regidores de Toledo se dirigía a las demás ciudades castellanas expresando su malestar por la subida de impuestos y el acaparamiento de cargos por parte de los flamencos. Así empezaba la revuelta Comunera, aplastada finalmente por la alianza del Rey con el clero y la alta nobleza).


Carretero afirmaba que España estaba compuesta por cuatro pueblos monárquicos de influencia gótica (León, Asturias, Galicia y Extremadura) y otros pueblos de vieja tradición democratista o pactista, proclives al federalismo: Castilla, País Vasco, Navarra y toda la Corona de Aragón. Afirmaba que Castilla fue democrática, municipalista y federal en sus orígenes, y que lo demostró incluyendo a los vascos mediante pactos libres. Sometida por las monarquías absolutistas de los Austrias y los Borbones, acabaría convirtiéndose en mito de la España centralizadora. Metáfora de la España doliente, orgullosa y con el ego destrozado de finales del siglo XIX (generación del 98). Baluarte de José Ortega y Gasset. Estandarte del fascismo español (Falange Española y las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista). La España del trigo del general Franco. Arquetipo dominador y a la vez víctima del creciente centralismo de la ciudad de Madrid. Madrid versus Castilla, una idea que aún subsiste en algunos círculos castellanos.


Carretero era, por tanto, un federalista castellanista. Verdaderamente, una rara avis. Es interesante seguir sus teorías, muy bien explicadas en el libro del politólogo Daniel Guerra Sesma, Socialismo español y federalismo (1873-1976), de reciente aparición. Anselmo Carretero reprochaba a los nacionalistas periféricos, sobre todo a los catalanes, haber engrandecido el mito de la Castilla centralista, opresiva e imperial con el contra relato catalanista, inicialmente orientado a combatir el pensamiento depresivo de la generación del 98 en un momento decisivo para el despegue industrial de Catalunya. Sin mencionarlo, Carretero señalaba a Joan Maragall.

España, afirmaba el socialista segoviano, es nación de naciones. Es nación, no una mera superestructura plurinacional como intentó ser Yugoslavia. Una nación con vocación de tal, a su vez compuesta por naciones. Todo lo que no sea Catalunya, País Vasco o Galicia, no es ‘Castilla’, decía, contradiciendo la línea estatutista de la Segunda República, que dio prioridad a catalanes, vascos y gallegos. La nación española no sólo es una nación de ciudadanos, es también una nación de pueblos. Esa era su idea. Una nación-mosaico, cuya única solución razonable es la convivencia federal. Un federalismo nacional: diversidad legítima, unidad necesaria.

Carretero reprochaba al PSOE haber vivido demasiado pendiente de las mitificaciones españolistas y no haber prestado suficiente atención a los sentimientos nacionales de los catalanes. De haberlo hecho –sostenía- la federación catalana del PSOE no se habría diluido en el PSUC (adherido en 1936 a la Internacional Comunista), con las notables consecuencias que ese tránsito tuvo en la política española, como veíamos la semana pasada (El drama del PSOE en Catalunya). Evidentemente no era ese el pensamiento dominante en su partido. Otro heterodoxo del PSOE, Luis Araquistáin, lo veía de otra manera: “El juego imprudente a las nacionalidades es siempre peligroso en un país como España, perennemente socavado por la anarquía racial, y pudiera muy bien conducirnos a otra atomización cantonalista como la de 1873, que destruyó la primera República”.

Aunque su nombre nunca figuró en el cuadro de los principales dirigentes del PSOE, Anselmo Carretero tuvo una influencia real en la transición. Algunos jóvenes dirigentes socialistas de 1977 habían leído su obra –Las nacionalidades españolas (1952), La integración nacional de las Españas (1956), Los pueblos de España (1980)- y en cierta medida la asimilaron. Las tesis de Carretero influyeron en el comportamiento del PSOE andaluz a la hora de exigir la incorporación de Andalucía a las autonomías de primera en el decisivo referéndum de febrero de 1980, que significó el ocaso de la UCD de Adolfo Suárez. Hombres como José Rodríguez de la Borbolla y Ramón Vargas-Machuca habían leído a Carretero. Rodríguez de la Borbolla, presidente de la Junta de Andalucía entre 1984 y 1990, sostiene que la iniciativa de romper el techo autonómico estuvo directamente inspirada por el pensamiento federalista de Carretero. Y añade que el movimiento fue urdido exclusivamente por los dirigentes regionales del PSOE; los cuadros que se habían quedado en Andalucía sin dar el salto a la política española. González y Guerra, radicados en Madrid, se lo encontraron de frente y lo autorizaron, en la medida que era un buen jaque a UCD.

Rodríguez de la Borbolla, un hombre honesto cuya presidencia ha dejado buen recuerdo en Andalucía, sostiene con ahínco que la posición del PSOE en el referéndum de 1980 no fue meramente táctica; había un poso detrás. La presión de las élites locales y el deseo de no ser menos acabó generando en Andalucía una corriente autonomista de carácter popular. Incluso en Almería, la provincia más reticente. Doy fe de ello.

Podríamos decir que Anselmo Carretero defendía un café para todos de mejor calidad que el actual y bien etiquetado. Cuando vio la división autonómica que proponía UCD se llevó las manos a la cabeza: ¡Castilla y León, juntas, eso va contra la historia!

Si nos fijamos bien, la sutil distinción que la Constitución establece en el citado artículo 2 entre regiones y nacionalidades no es muy carreterista. Ahí ganó la partida el catalanismo clásico y el influjo del austro-marxismo en el PSUC.

Resulta del todo pertinente recordar hoy la huella de Anselmo Carretero en la aproximación del PSOE a las ideas federalistas. Una aproximación tardía y dificultosa, que siempre ha oscilado entre la audacia, el tacticismo y la impostura. Y no menos interesante es el lenguaje claro de ese castellano federalista. Un lenguaje que hoy sería rechazado abruptamente por el ala más carpetovetónica del partido (Bono, Ibarra, Leguina…) y asustaría a los candidatos y candidatas del socialismo mediático. Señal inequívoca de que el Partido Popular, triunfante, está imponiendo su marco mental y su lenguaje. El PP, heredero de esa Alianza Popular que no quería el término nacionalidades en la Constitución.

Puestos a recordar el castellanismo democrático y federalizante, hay que dar fe de otro personaje singular, hoy casi olvidado. Agapito Marazuela, abnegado reconstructor del folclore castellano; musicólogo, dulzainero, autor del Cancionero de Castilla la Vieja, militante comunista, preso durante varios años en las cárceles de Franco (Madrid, Burgos, Ocaña y Vitoria) e invitado especial en una de las más celebradas novelas de Manuel Vázquez Montalbán, Asesinato en el Comité Central.

(Para calibrar bien la obra de Carretero hay que regresar a su concepto de nación. El ensayista castellano concedía una especial relevancia a la voluntad colectiva, en la línea de Ernest Renan: “la nación es un plebiscito diario”. Bajo esta perspectiva, no es nada seguro que España presente hoy un mapa uniforme. El deseo de autonomía comienza a ser muy desigual. Al cierre de esta edición -como se decía antes-, llega a mis manos un opúsculo editado en 1977 por Ediciones Albia de Bilbao, con el ideario de Felipe González y Alfonso Guerra en el umbral de la democracia. Transcribo un fragmento. “El federalismo respeta la diversidad y crea un marco igualitario para cubrir las necesidades de los pueblos que integran el Estado español. No se trataría siquiera de imponer la autonomía a regiones o zonas cuya conciencia aún no las exija; ni tampoco de imponerlas en el mismo grado a las que la poseen de forma también diversa”).





























martes, 22 de julio de 2014

El olmo de la calle Padilla


(Con motivo de la celebración del Día de Castilla en Madrid, la agrupación de Madrid del Partido Castellano realizó un pequeño homenaje junto al olmo de la calle Padilla, frente a la Fundación Juan March.
Aquí recogemos parte del texto leído para la ocasión, poético, emocionante y cargado de metáforas muy valiosas para entender el por qué del castellanismo en Madrid)
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Fotografías: copyright Partido Castellano

El árbol que tenemos delante es un olmo europeo, Durante siglos, ejemplares de estos árboles, las famosas olmas, han presidido las plazas de muchos pueblos de Castilla.  A su vez, hileras de olmos flanqueaban las carreteras y los caminos de nuestra tierra. El olmo, tanto como la encina o los pinos, conformaba nuestro paisaje.

Pero a comienzos de la década de los ochenta llegó a nuestro país una terrible enfermedad que destruye a los olmos europeos, la grafiosis. (…)
Sobreviven muy pocos olmos europeos de gran porte. Los más notables, aquellos que conformaron nuestra identidad como pueblo a través del paisaje, han muerto. Ya no hay olmas en nuestros pueblos. Y sin embargo, este olmo que tenemos delante , discretamente, se las ha apañado para medrar en el centro de una gran ciudad, donde muy pocos le prestan atención. Como tampoco piensan muchos en quién era ese Padilla que da nombre a la calle que está a escasos cinco metros de este olmo.

No deja de ser raro que una ciudad como Madrid, que tiende a olvidar que es parte de Castilla, haya dedicado tres calles tan céntricas a los tres líderes del movimiento comunero. (…) Sea como sea, la memoria de Bravo, Maldonado y Padilla está ahí para el que quiera dedicarles un segundo de recuerdo en medio de un atasco.
La memoria de los héroes comuneros perdura en Madrid como el olmo en torno al que nos hemos reunido hoy. A la vista de todos, pero sin publicidad. Así como la enorme mayoría de la gente que pase al lado de este árbol desconoce que se trata de uno de los últimos de su especie, así también el viandante que lee distraído el nombre de la calle de Padilla ignora casi siempre que ese tal Padilla fue tal vez el último gran héroe castellano.
Casi nadie sabe nada de su valentía, de sus esfuerzos por unificar el movimiento comunero , de su amor a Castilla, de su indignación al ver cómo era expoliada en nombre de un destino histórico superior. El eterno drama de nuestra tierra: dar por bueno el sacrificio en aras de un bien mayor que nunca redunda en nosotros.

Madrid es, fue y siempre será Castilla. Y Castilla y el Reino de Aragón fueron los principales pilares con los que se vertebró España, con alianzas y consensos, valores con los que se llegó hasta el mismo corazón de Europa , sentando las bases de su democracia y del propio proyecto europeo hace más de 500 años. Esa misma cultura castellana y sus valores se extendieron por todo el mundo , no sólo Europa, y por eso tenemos fuertes lazos con América, África y Asia.
Pero sin embargo, todo este trabajo por el que los castellanos nos deberíamos sentir orgullosos es el origen de la grafiosis política actual, alimentada con odio y envidia del que no supo amar a su propia tierra y a su propio hermano. La grafiosis de Carlos V que condenó sin juzgar a unos valerosos castellanos comuneros que tan solo reclamaban mantener sus derechos y su libertad, y que fueran escuchados en su propia lengua castellana cuyo emperador no hablaba.
La grafiosis de la transición en la que se consiguió libertad y autonomía para todos menos para Castilla, porque se nos culpó a Madrid y a Castilla de los que nosotros no construimos (…) o de un centralismo y falta de libertad asentada en Madrid pero que no era ni madrileña ni castellana, apoyada de hecho por muchos de los que ahora dicen ser sus víctimas. Pero sus verdaderas víctimas fueron Madrid y Castilla.

Este olmo, obviamente, no es consciente de su importancia. Sobrevive sin más. (…) Nuestra ideología se basa en la certidumbre de la necesidad de defender ciertas cosas, como este árbol. El castellanismo afirma que Castilla existe, no como una idea abstracta, sino como este olmo. Como todas las demás cosas que nos constituyen como pueblo.
Castilla existe en infinidad de cosas, todas frágiles, oculta bajo capas de olvido y de ignorancia, repartida en lo político en cinco comunidades autónomas sin más historia y sin más significado que el administrativo. El castellanismo es consciente de que Castilla existe, pero puede dejar de existir. Como los olmos.
Celebremos hoy la fortaleza de este árbol, su valentía. Honremos su obstinación inconsciente en permanecer vivo , en medrar contra todo. No se me ocurre mejor metáfora de nuestras ideas que este hermoso árbol. y el que haya brotado tan cerca de las calles dedicadas a los comuneros es una coincidencia feliz.
Este árbol nos une a los que vinieron antes que nosotros, tanto como nuestras tradiciones. (…)
Nuestros principios brotan de la tierra en la que están enterrados todos los que creyeron en Castilla, desde los lejanos tiempos del viejo Condado, hasta estos tristes momentos de ignorancia.Castilla existe, mal que le pese a muchos; en aceptar esto consiste ser castellanista (…) Este hermoso olmo nos da un ejemplo de lo que debemos ser, pero también nos impone un compromiso, el de no conformarnos (…) Porque lo único que no cambia es lo que está muerto. Perseveremos en nuestras ideas, pero no las convirtamos en un catecismo. Castilla es mucho más que un capítulo en un libro de texto. Castilla es un proyecto político.

Este olmo, aquí, en pleno centro de Madrid, es casi un milagro. Castilla, tras siglos de desidia y olvido, también. Demos gracias por este milagro, y pongámonos a trabajar para que deje de serlo.


TODO PUEDE SER SI EXISTE CASTILLA, Y NADA SERÁ PARA SIEMPRE SI NO EXISTE.

(Para el texto íntegro, contactar con www.pcasmadrid.org)
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